Wednesday, March 2, 2016

"Andarás perdido por el mundo", de Oscar Esquivias: "Todo un mundo lejano", Ismael y lo que no se dice



En el primero de su nuevo y flamante libro de 14 cuentos "Andarás perdido por el mundo" Ed. El Viento, España, 2016,  Oscar Esquivias nos traslada al mundo de Ismael, un joven catequista y músico de unos 22 años del barrio de Gamonal en Burgos, España. De boca de su amigo Mateo que nos los presenta, vamos conociendo  por él, de sus gustos por la música, de sus desbordante actividad, de su creativa,  sensible, inquieta y reservada personalidad y de su educación católica cerrada en  la  que -según las expresiones que Ismael usaba- el árbol de Navidad era "una decoración druida", o el papá Noel "un brujo estulto que se había propuesto desespañolizar España y acabar con nuestras tradiciones" (y de ahí la necesidad de hacer concursos de Belenes entre las familias de la Parroquia, creía, ya que bien pocos se  estaban haciendo). Y por  supuesto,  por Mateo nos enteramos también  de la crisis existencial  de Ismael unida a un viaje al exterior  y posterior traslado y  radicación  en San Sebastián- Donostia.

No nos dejemos engañar por la estructura  sencilla, dinámica y tierna  de este relato, en el fondo, en su raíz, nos habla de lo difícil  que es para el protagonista ser él mismo, siendo   diferente a  la media, a lo que es norma social,  a querer estudiar música cuando sus padres  lo quieren ingeniero  o a ser homosexual en un medio católico practicante; un medio  en el que la homosexualidad  era vista -o sigue siendo  considerada- como una aberración y por lo tanto, inaceptable.  No, no  sería nada difícil  vivir con una madre deprimida porque su hijo no le saliera como quería ("se le ha enfriando su fe"), sin hablar del padre, un padre del que no se cuenta nada más que su deseo -junto con el de su mujer-  de  imponer la carrera a su hijo.  ¿Cuántos padres no llegan a entender que los hijos -más allá de la educación que les dieron-  son como son y necesitan desarrollar su propia personalidad,  de la cual la sexualidad es un  aspecto importante que hace  a la integridad del ser humano y que los hijos necesitan emprender su propio vuelo para desarrollarse  como personas? ¿Qué cada uno tiene derecho a  su propia vida -sin ser extensión o calco- y a vivirla como desea, siempre que sea de una manera responsable y asumiendo las consecuencias de sus actos?



                                  Willem de Famars Testas, Patio de una casa cairota, Rijksmuseum, Ámsterdam.



Para poder ser Ismael, él  debe emprender su  vuelo que lo lleva a un mundo lejano (con una forma de vida  distinta a la suya),   a Viena y  a Amsterdam,  a estudiar unos cursos  con su admirado violonchelista noruego  Truls Mørk. También siente que debe tomar distancia de sus compañeros y amigos catequistas (y meterse para adentro):  Ellos no olvidan su cumpleaños  Nro 22 el 6 de agosto y le envían una cariñosa foto grupal por el móvil. El  les responde con una lacónica postal con la foto del pintor neerlandés Famars Testas  y la firma I S M A E L,  en un intento quizás, de afianzar su verdadero yo que recién empezaba a emerger como el  de un niño pequeño; a  su regreso no los ve, ha vuelto  del extranjero, según su madre "muy cambiado": "apático silencioso,  esquivo", no quería ver a nadie y se  mostraba distante con sus padres y hermana y comienza a visitar a un psiquiatra. Cuando un día por casualidad Mateo  se cruza con Ismael  en el parque, este se  baja de la bicicleta en la que andaba y lo saluda, pero el diálogo  entre ambos es  muy cortado y  escueto.  Luego Ismael se muda a San Sebastián y comienza a tomar clases con Asier Polo  "el mejor violonchelista de España": ha logrado cumplir su meta en cuanto a la elección de carrera, a ser fiel a su vocación por la música. Aún tardará un poco más para aclarar otros aspectos de su personalidad y lo sabremos porque se niega aún  a relacionarse con sus amigos catequistas:  les rehuye cuando estos lo van a visitar a su casa y se niega a viajar con ellos a Roma para la Bendición Papal.  Sabremos que su crisis de identidad -incluida su sexualidad (de la que no se habla)- ha sido superada cuando retoma el contacto con su amigo (homosexual) Mateo -como si nada hubiera pasado-  con un mensaje en el móvil de respuesta al suyo  de: "Gracias, Feliz Año Nuevo. ¿Nos vemos mañana?".

 Oscar Esquivias: nacido en 1972, es  escritor burgalés del que ya hemos leído y analizado su  trilogía de  1- Inquietud en el Paraíso, 2- La Ciudad del Gran Rey y 3- Viene la Noche en este club de  lectura .

El próximo miércoles destriparé -con el  beneplácito de Oscar- otro  de sus cuentos.


Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   ©Myriam Goldenberg




10 comments:

Cayetano Gea said...

Buena nota de lectura la que nos traes hoy aquí. Motivo para más de una reflexión. La educación, sea mala o sea buena, es algo que tiene un indudable peso en el carácter y en la evolución de las personas, en sus conflictos internos y en las relaciones con los demás. Cuando esta educación, en su vertiente más tradicional y menos condescendiente, se convierte en una pesada losa, quitársela de encima es requisito para emprender el vuelo de la libertad. Un tema que siempre me ha fascinado -y de hecho es motivo de mi último trabajo y del que ahora estoy emprendiendo- es el de los laberintos personales, en ocasiones fruto de los condicionantes externos y, otras veces, consecuencia de las propias decisiones personales.
Un saludo, Myriam.

Genín said...

Tomo nota, gracias :)
Besos y salud

Mari-Pi-R said...

Sin duda una buena lectura hacer.
Saludos.

Pedro Ojeda Escudero said...

Es tan bueno tu comentario que tengo que rehacer el mío porque ya has abordado mucho de lo que yo decía. Menos mal que aún tengo tiempo.
Excelente, Myriam.

Manuel López Paz said...

Se nota interesante. Siempre he pensado que la educación es la base de nuestro comportamiento...

Besote

Ambar said...

Tomo nota porque el tema me parece muy interesante. Siempre me ha parecido que esos años son esenciales en la formación de la personalidad del individuo.
Besos Myriam

Óscar Esquivias said...

Muchas gracias, Myriam. Aparte de tu mirada sabia sobre la historia y los personajes, me encanta que hayas incluido la vista cairota de Famars Testas, que es un cuadro (y un autor) poco conocidos. Uno de los pilares del cuento es esa colisión entre las expectativas ajenas y las aspiraciones propias (y eso se repetirá en algún otro relato de la serie, como "El príncipe Hamlet de Mtsensk"). Pero no adelanto acontecimientos. Mil gracias otra vez, encantado de tenerte como lectora.

María Pilar said...

Me ha encantado todo lo que comentas y tomo nota para leerlo.
Abrazo grande y feliz fin de semana Myriam

María del Carmen Ugarte García said...

Tuve que leerme el cuento dos veces, porque creo que en la primera la imagen de un belén con animales exóticos me distrajo unos cuantos párrafos y me perdí algún elemento esencial. Sí, a veces la realidad supera la ficción y yo no puedo olvidarme de una belén que me enseñaron con orgullo lleno de leones y elefantes de plástico.

Esos detalles sin importancia.

Abejita de la Vega said...

Me gusta mucho este cuento aunque no conozca ningún catequista tan culto como Ismael. Los que yo conozco son mucho más mediocres, con todos los respetos. Ismael es una persona excepcional. Es normal que cambie de aires y se enfríe su fe integrista. Y ser homosexual en el Burgos de los setenta y ochenta...
Te contaré que Gamonal tenía y tiene mucha población de origen rural y el campo era y es todavía más tradicional y conservador. La última vez que estuve en la parroquia de "Nuestra Señora de la Antigua", hace un par de años, leí varias veces: "Neocatecumenal", un grupo católico nada progresista.

Me ha interesado mucho tu entrada, tu aportación como psicóloga y sexóloga enriquece nuestra lectura. Besos Myriam.