Wednesday, May 6, 2015

Entre la libertad y el encierro en el capítulo "América", en "Sefarad" de Antonio Muñoz Molina

                                                                                (foto: mía)

Me gusta especialmente este relato –y me gusta mucho-  porque AMM condensa en él  varios temas definidos en los siguientes binomios sobre cada uno de los cuales se podrían escribir hojas y hojas: libertad/ cárcel;  sexo/pecado;  culpa/expiación;  zapatos/guerra o vida/muerte;  luz/oscuridad;  monja roja/zapatero azul; pasado/presente, noche/día;  juventud/vejez; recuerdo/olvido; etc. etc. Como un juego de cajas chinas,  este capítulo “América” contiene  un relato que contiene otro que  contiene otro (El abogado y su audiencia en el Bar;  El zapatero Mateo y la monja; los padres de la monja, etc), siempre en un continuo pendular entre los dos extremos pero sin juzgar, dejando en cambio que el lector se implique en él, reflexione,  se posicione,  e incluso, saque sus propias conclusiones.   Veamos  una  de las historias, la que da nombre al capítulo, aunque podría escribir sobre cada una de  las otras, porque todas son, en esencia, ricas y merecedoras, pero no quisiera cansar a mis lectores (al menos quienes participan en el grupo de lectura y  que,  de alguna manera,  se sienten obligados a leerme).

Mateo es un hombre viejo que había sido zapatero remendón que recuerda y relata a un amigo abogado -que a su vez nos relata la  historia “ya sabéis que sigue siendo un viejo de gran porte(...)” (P336) en  un bar entre cañas (P345) ) graduando las pausas, enfatizando expresiones (P349)-  su experiencia   con las mujeres y en especial la monja joven, a los 30 años, pero que de chico había vivido la Guerra Civil Española, cuyos ecos resuenan constantemente en el fondo de todo el capítulo.    Mateo esperaba en la noche “embozado”, “con la luz apagada”, “a que sonaran en la Torre de la Iglesia del Salvador de Madrid  las doce campanadas”  y esperaba desde un par horas antes muriéndose de ganas: “(...)ya se me había puesto tan dura como la tranca de una puerta, como una mano de almirez, y al quedárseme tanto tiempo así acababa doliéndome, parece mentira ahora el vigor que tenía cuando era joven” (P333). En sus escapadas este hombre iba a visitar a una monja en un convento  -Sor María del Gólgota- en el que había sido  encerrada en contra de su voluntad  por una tía materna  “por su bien” después de quedar huérfana de padre (rojo) y con su madre (azul) loca internada en una Institución mental.

AMM nos lleva en un vaivén entre recuerdos y voces del pasado entremezcladas y superpuestas a las de un presente, un  ahora,   en las que el viejo “no sabía con frecuencia donde estaba, como si padeciera rachas no de amnesia, sino de sonambulismo, y se despertara  de pronto  en una plaza no de su pueblo querido, sino del centro de Madrid (...)” (P334)  En esa neblina entre ese ayer y este hoy, AMM va desdoblando un relato sórdido cuya hipocresía, la hipocresía de Mateo o de las damas hiper-religiosas de comunión diaria,  es evidente y  está  sintetizada en la fórmula: “_Ave María Purísima/ -sin pecado concebida”.  En efecto, Mateo “era directivo de la Cofradía de Semana Santa y desfilaba con una vela en la precesión de Corpus Christi (...)” (P336) pero “os asombraría saber a cuantas damas de buen ver y comunión diaria se pasó por la piedra (...)” (P336)  tampoco el ser directivo de esa cofradía le impidió de modo alguno, visitar a la monja joven  de noche y tener relaciones sexuales con ella,  de forma egoísta (para su propio placer)  y sin compromiso alguno (niega ayuda a la monja).

Las dos monjas entraban a la zapatería a pedir limosna, la vieja convencida de que “la fe sin obras es una fe muerta”,  la joven, en cambio  con pequeños gestos fugaces de hastío e impaciencia “que no tenían nada de monjil” (P338).   Luego de esas observaciones en que Mateo empezó a diferenciar  a esta última del anonimato del hábito: “ahora se daba cuenta de que tenía ojos grandes y rasgados (...)” (P339);  un día en que ella se desmaya agotada por sus noche de insomnio y preocupación,   Mateo pierde el juicio y la abraza: “La abracé por la cintura con las dos manos y la apreté contra mí (...)” (P243) ese día en que ella había aparecido más pálida que de costumbre, afiebrada y ojerosa.  A partir de ahí  Mateo la comienza a visitar de noche en el convento  después de que ella le hacía una señal y dejaba una puerta abierta.  

 A  Mateo, sólo le importaba la conquista, la noche de sexo, la aventura y el miedo que sentía al recorrer las calles de noche embozado (P350) y haber contravenido su norma de no acostarse con mujeres guapas, porque las guapas no se dan completamente en la cama (P340),  (Sor María era guapa y se parecía a la actriz  Imperio Argentina P339). 

A  Sor María del Gólgota,  le urgía la necesidad imperiosa de salvar su vida -y su integridad- escapándose bien lejos, a América del Norte o del Sur, poco importaba,  con ayuda de este personaje, o de cualquier otro que fuera capaz de ayudarla a escapar de ese Convento.  ¿Moralmente se la puede condenar por eso?  Recordemos que ella, habiendo quedado huérfana de padre y con su madre encerrada en una institución psiquiátrica,  había sido  privada de la enseñanza liberal que el padre había querido darle y fue encerrada en la cárcel del convento en contra de su voluntad,  condenada a  una lenta pero certera muerte en vida.

El zapatero, que únicamente conquistaba a las mujeres por puro placer y sin compromiso alguno, obviamente no quiso ayudar a esta monja a escapar.  El, con suidea entre higiénica y grosera de las relaciones sexuales(P360) aunque “lo abrumaba la conciencia de peligro”(P350) seguía visitándola, eso sí, le molestaba , lo irritaba, que su sentido masculino de comodidad se viera perturbado, y se preguntaba a sí mismo ¿cómo era que si le gustaba tanto   la monja,  también le tenía miedo? (P360).   Un miedo que  vemos corporizado en la  huida de él, por medio de esa pulmonía,  para no acceder a sus pedidos auxilio: “ayúdame tú, le decía al oído" (P 363).  El cobarde y vagamente   le dice al principio que sí que la ayudaría, y luego incluso le miente con “que ya tenía medio concertado el traspaso de su negocio,  pero cuando ella lo presiona  con el plazo de una o dos semanas (P368),  la monja con su mano derecha “como un garfio”  le aprieta en su bragueta al tiempo que le dice: “si me traicionas te lo arranco todo” (P368). ¿Cuánto tiempo puede estar alguien encerrado como estaba la monja, sin perder la cordura?  Al huir, recuperaría, sin lugar a dudas,  su vida.  ¿Qué harías tú si te hubieran encerrado así?  ¿Permitirías que el encierro te aniquilara como ser humano  o tratarías de huir por cualquier medio?  

En este relato de AMM, El zapatero, que no ayudó a la monja, ni la volvió a ver luego de su pulmonía,   ascendió a presidente de su Cofradía y,   ya jubilado con ahorros que aseguraban su vejez, se casa porque “conviene casarse, porque está llegando  a una edad en la que un hombre ya no es lo  que era, si bien todavía conserva el porte necesario para atraer a una esposa madura y servicial que será la que lo cuide cuando de verdad empiece a perder sus facultades, momento en el cual, si ha tenido la imprudencia de no casarse antes, no le quedará más que la decrepitud solitaria o el asilo” (P371 y 372)

La monja, lo sabremos por la postal que un día envía a Mateo, logra huir,   eventualmente, con la ayuda de otro hombre.

Réstame decir que los destinos de Mateo y de la monja María del Gólgota -ahora nuevamente Fanny-  se invierten. Ella que había estado encerrada/muerta,  recobra la libertad/vida paradójicamente, en el destierro, ese lugar remoto, en América. El, que aparentemente era libre,  queda encerrado en esa zona de comodidad entre la desidia, la costumbre,  los usos y abusos,  y por qué no,  entre la cobardía y la hipocresía, muerto en vida, en su tierra.  

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog: La Acequia   ©Myriam Goldenberg


Notas:  

Citas del texto en color verde, enlaces en color azul.

Antonio Muñoz Molina, "Sefarad", Ed. Círculo de Lectores S.A, , Barcelona, España, 2001



11 comments:

Bertha said...

El destino se le reviró.Era un redomado egoísta e hipócrita...Como la tía de la monja.Gracias que al final pudo escapar.

Un fuerte abrazo Myriam.





María said...

En los últimos tiempos tengo taan abandonado este convento tuyo y todos aquí;))...que debería empezar este comentario con lo que se dice cuando uno se va a confesar ( Ave María purísima, quiero confesarme porque he pecado;) perdón cielo! encima es que siento perderme tus escritos sobre libros porque es fantástica tu manera de dibujar a los personajes... arruinarías a las librerías si solo leyéramos tus reseñas porque son tan fantásticas que es como si leyéramos el libro solo que explicado :-) además...te posicionas, pero aun así, mantienes la objetividad a la hora de describir a cada uno y contar lo que sucede entre ellos... de manera que uno al leerte libremente decide, aun sabiendo de tu elección. Coincido totalmente con tu manera de valorar y hasta alegrarse por la resolución final de la vida de la monja... cómo no! apunta mi voto tb. a la monja jaja Nadie debería atreverse a enjuiciar el comportamiento de nadie a quien desconozca, sin embargo por muy liberales y autoproclamados progresistas que nos creamos la inmensa mayoría no deja de hacerlo y por culpa de eso, la otra mayoría deseosa de escapar de sus respectivos conventos sigue encarcelada ... somos atan cobardes a veces que sabes qué...¡bien por la monja! y el zapatero... pues eso que se tiene bien merecida la patada que posiblemente le de finalmente la vida;)


Un beso inmeeenso mi querida MYR si consigo salir de mi retiro espiritual ;) prometo venir más a menudo porque ya ves, una vez llego aquí, estoy tan a gusto que no salgo ;-) Muaaaaaaaaks bonita!

Genín said...

Los Zapatero, no son de fiar, por lo que vi aquí :)
Besos y salud

Pedro Ojeda Escudero said...

Qué magnífico comentario. Y todo ello contextualizado en una España axifisiante. Historias de historias es esta novela, que habla siempre de esas dualidades que tan bien has sabido ver.
Besos.

Ele Bergón said...

Querida Myrian, pásate por mi blog. Acabo de poner una entrada, que supongo te gustará.

Los que nos lean, pensarán que estamos un poco compinchadas, pero acabo de ver cómo me has enlazadado, lo que no entiendo es su por qué.

Besos

Ele Bergón said...

El episodio de la monja aún no lo he leído.
Ya te comentaré.

Ele Bergón said...

Lo he leído mal, es en color azul, no acorde azul. Ya me extrañaba.

Pamisola said...

Muy bueno y oportuno tu comentario, estoy leyendo ese capítulo, cuánto ayudan las otras opiniones, a mí por lo menos. Gracias, Myriam.

Besos.

Gustavo Figueroa Velásquez said...

Myriam:

Hace una excelente contribución a esa lectura colectiva del relato perteneciente a "América" de Antonio Munoz Molina. H sido muy entretenido leerla y disfrutar de la imaginación del autor, tanto que he quedado inquieto por el libro en general.
Tu fotografía es como la metáfora a la luz de la libertad. Bella!
Te dejo un beso y un abrazo.

Ambar said...

Magnífica interpretación la que realizas. Lo tuyo si es contribuir a la divulgación de la cultura. Gracias Myriam

Abejita de la Vega said...

A mí también me gusta mucho "América", lo he vuelto a leer esta tarde, antes de entregárselo a mis amigas Gracia Y Justina que, me temo, harán picadillo con un tipo tan machista y egoísta como el zapatero Mateo. Mira, qué majo, lo que le molesta es que después del coito se pongan a hablar, como seres humanos que son y no muñecas con ranura. Y le molesta que sea tan roja, y que haga guarrerías con la boca. Aunque, tal vez, sea la versión de Godino, el del museo local madrileño, algo meapilas y conservador. No estoy muy segura de que Godino sea abogado, solo he pillado que viste muy formal como un abogado o un pasante de notarías. Si me dices dónde está lo del abogado, te lo agradezco porque no lo encuentro. Gracia y Justina atribuyeron sus palabras al parado de larga duración y yo las seguí. Lo corregiremos en la próxima entrada, ellas y yo. Me encanta la historia de la monja. Y también la última, la de la Hispanic Society. Veo a la monja en la guía desaliñada, aunque el escritor no lo diga. Ahora lo confieso, de mi lectura en 2001, sólo recordaba vagamente a a los personajes que huían de los nazis o de los soviéticos: pero me quedó un recuerdo vivísimo del último capítulo y de ese museo donde conviven un lebrillo de amasar con un Velázquez, genial mister Huntington. Incluso recuerdo que una compañera granadina me regaló un lebrillo para que supiera lo que era.
También confieso que ahora me ha gustado mucho más este libro, con un buen profesor como el que tenemos...
Un buenísimo trabajo el tuyo,un abrazo:
María Ángeles