Wednesday, March 19, 2014

De amores y relaciones en “Dejar las cosas en sus días” de Laura Castañón, Ed. Alfaguara, Madrid, España, 2013 (3)



Viene de aquí


Aida, la protagonista de esta novela,  es una periodista, Lic en Historia (93),  de  poco más de  40 años, que resultan ser 47 años, nacida en Guijón, Asturias, España,  como hija única,  con padre  sindicalista  (324, 355) ausente la mayor parte del tiempo (337) trabajando en  el astillero, la clandestinidad (cuando ella era niña) ,  y el bar (57),  una madre roja, rayana en  el  fundamentalismo, Inés,  (324, 356) ,  una abuela, Claudia,  que nunca se llegó a casar con su abuelo Ángel, por causa de la guerra civil  que los separó y bajo cuyo mito de héroe creció Aida, una  abuela  que parió y educó a su hija Inés,  sola ella en Guijón (175).  Todas  las relaciones sentimentales  de Aida han colapsado  y dejado “mucho callo en las vísceras” (67), “mucho callo en el corazón”( 94)  “mucho callo ya en los asuntos sentimentales” (443) y desde la relación  de amor adolescente que la desbarajustó dejándola en “un caos sentimental  y la vida  vuelta al revés” (92),  con  Asier, fotógrafo del periódico en donde ella trabaja,  ha tenido  “una retahíla” de relaciones  y mucho  sexo, sin contar con ninguna “especial”(21).  Con Asier guarda una amistad  que le permite contarle, por ejemplo, cómo va su relación con Bruno (411, 412) incluido tener sexo con él  de vez en cuando, incluso una vez estando ya con Bruno cuando la relación de ellos no andaba bien (289), eso sí, pensando en Bruno (290). Una relación ésta última en “la que se había dejado querer” hilvanando lo cotidiano  (443) y  desarrollando la relación en la distancia (465 km. para ser exactos, Madrid- Gijón) con encuentros de tanto en tanto y el uso asiduo  de las tecnologías modernas. Una relación en la que ella había creído al principio “que había poseído las claves de la situación” (443) a pesar de  que ya en el primer encuentro  “pensaba”, “sabía”,   que Bruno era egocéntrico (443)  -diferente al resto de mujeres de la vida de Bruno- no se había tragado el elogio suyo,  elogio que había contemplado con distancia emocional  ( en virtud de su profesión y de sus callos, por más de que se sintiera orgullosa) (443) Aun así,    se dejaba querer por él, arrullada “por aquella marea de palabras bonitas que le regalaba desde la distancia”, sin sentirse “dueña” ni del amor, ni de la “voluntad” de aquel hombre  “a cuyo amor se había ido entregando sin remedio”, sin  perder de vista, que Bruno era uno más “en las cuentas del rosario de su historia sentimental, y eso tenía un precio”.  (443).  Lo veremos más adelante en detalle y veremos si las cosas son así.  

De  Aida también llegamos a saber que en la adolescencia tuvo dudas sobre su sexualidad, soñando con una profesora de la que la volvía loca su perfume (337).  Aida por lo general se vio  atraída por hombres más jóvenes irresponsables  por lo que Bruno fuera mayor, era toda una novedad que, aunque a veces el fuera más crío que ella, le gustaba, eso de tener a su lado “un hombre mayor y protector” (411) . 

Aida  siente una necesidad muy grande no sólo de recuperar la Memoria Histórica, sino también de entender las lagunas y los mitos de su propia biografía (174),  por eso indaga en la historia familiar en el pueblo de Bustiello, en la casa de Pomar,  dónde creció su abuela materna,  y busca los restos de su abuelo materno  represaliado -toda una obsesión-  con su amigo Pablo, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).  Es dinámica, eficiente como profesional,  poco asertiva frente a determinadas personas (498) y se responde ella misma que eso es  porque no sabe decir no (499) (como no puede decir “no” al pedido de Bruno de entrevistar a su padre que “era de derechas a rabiar”) (499). Aida es  comunicativa (480),  cuando se pone nerviosa  o no sabe qué  dirección tomar, hacer orden la salva, la mantiene “cuerda” (93, 195, 196) de forma un poco obsesiva, tiene la manía de guardarlo todo y es muy curiosa (243).   Su nevera casi siempre está vacía (91, 381),  muchas veces, su casa, era “una estación de paso” (381) cuyo silencio no soportaba muchas veces por lo que la tenía que llenar de ruido de la tele y/o la radio (92).  De ojos azules (44), físicamente muy delgada,   a veces  se sentía  “fea, vieja, flaca” y acomplejada (136).  Aida,  es empática, compasiva (hasta un cierto punto) (399);  sabe muy bien actuar y  tiene  una gran capacidad para fingir  (499, 500) cuando lo necesita, sobretodo en su trabajo, para lograr que la gente se abra y así obtener buenas entrevistas, incluso  las veces que sentía crecer  la ira por dentro  y a punto de estallar, “lograba disimular con su perenne sonrisa y  cara de niña buena”,   casi angelical (499). Es adicta al teléfono móvil tanto en lo personal como en lo laboral (430). Comienza una relación sentimental con Bruno, a quien conoce personalmente en una entrevista enviada por su trabajo (53) pero que ya había visto en la pantalla, incluso en Estudio 1, junto con su abuela y su madre, por lo que este hecho la conecta con su pasado, sus recuerdos, sus emociones y sensaciones (54).   Se reúne cada tanto con sus amigas “las guerrilleras” de las cuales Jimena, supuestamente médica,  es la mejor amiga suya y la que cumple la función de poner en orden  el desorden sentimental de Aida (382).  Sus abuelos paternos están ausentes también, ella recuerda  una confusa discusión  con sus padres  viajando a Badajoz al entierro del abuelo, que Aida no había conocido,  en el Renault azul, que su padre sindicalista había comprado y por el que se avergonzaba, no fuera a creer que en el pueblo pensaran que era rico (424).

 De su familia viva queda sólo, además de su madre  y posiblemente su padre, (siempre ausente, pag. 336, no sabemos si sigue vivo o no, como no pincha ni corta, posiblemente por ahí ande en su limbo sindical y/o  bar),  su tía-abuela Paloma, con  quien Aida tiene una muy buena relación y que cuida hasta la muerte. Aida creció sin demostraciones de afecto: “eso de los besos y abrazos era un exotismo emocional, una debilidad insólita, directamente no existía” (268).  Tampoco celebraba las Navidades  con sus padres, sólo después de que muriera el segundo marido de la tía abuela Paloma, Aida pasaba las navidades con ella  (354). Aida a veces se sentía sola y echaba de menos no tener hermanos, primos, etc,  (425).  Ser feliz eral algo que ”le daba como  vergüenza” (336), la felicidad era un concepto devaluado para ella (67)  y disfrutaba de la “serenidad que le proporcionaba conducir en soledad” y del placer “cromático” de los árboles y  de la música en su equipo al  manejar el auto sola (146). Su madre, que se le cuela en el coche  a propósito del Debate  en el Congreso de Diputados,  para aprobar el proyecto de Ley sobre la Memoria Histórica”, oportunidad que Aida aprovecha para un encuentro con Bruno, la agobia,  hablándole a ella de viejas historias que Aida se sabía de memoria (147), historias de “vencidos”, “agravios y pesares”, “dolor y desgarro”  con las que había  crecido, mientras ella pensaba conduciendo, si se iba  depilar o no  (148).

  Al crecer Aida,  con padre ausente y abuelo  represaliado, -al que no conoció, pero que es un héroe, un gran un mito- carece de figuras masculinas  significantes y modeladoras concretas, desde su más tierna infancia, por lo que el arrullo del actor  Bruno en la tele, cuando ella era niña durmiéndose  en las faldas de la abuela, cobra especial relevancia y es relatado de manera sublime por la autora. La madre con su carácter  extremo, ofuscado, fundamentalista y anclado en el resentimiento y el dolor,   sumado al poco afecto que le ha brindado a su hija,  podrían haber hecho de Aida una mediocre, resentida-amargada,  sin embargo, no lo es, lo cual muestra su capacidad interna, su potencial;   hace una carrera brillante, incluso es ascendida en su puesto, también tiene vida social (amigas, amigos compañeros de trabajo) El desnivel lo vemos en el plano  afectivo relacionado con hombres y asuntos sentimentales, va a fallar, -lo raro sería que no lo hiciera-   En primer lugar elije mal las parejas,- ya sea inmaduros o varones como Bruno con clara incapacidad para manejar todo lo emocional, que hasta  incluso llega a ser cerrado o desconectado y con una vida propia hecha un lío-  luego,  les demanda lo que no pueden darle, incluso personas que no tuvieran las dificultades de Bruno,  ningún hombre podría  rellenar las  carencias afectivas que viene  arrastrando desde la infancia,  con más razón Bruno.  Pero esto lo veremos más en detalle al analizar la relación de pareja de Aida y Bruno.

Bruno,  de 58 años (Pag. 73), actor, hijo único,  tiene una prima Aurora (207),  trabaja y  vive en Madrid,  en casa de su padre nonagenario desde hace unos meses,  porque en la euforia inmobiliaria vendió su casa “por una pasta, harto de la sangría y voracidad” de sus  dos exmujeres   y tres hijos: “ “aquella familia extravagante”,  “múltiple”,  hasta “exótica”, según qué momentos, la única que ha sido capaz de formar (73).  Es dos veces divorciado:   con la primera mujer, Marisa,  alcohólica que pasaba temporadas  en rehabilitación (77), tiene una hija,  Lisístrata (Lisis),  de 30 años y un hijo, Oscar de 28.  De la segunda mujer, Macarena, tiene una hija adoptiva china, Morgana, de 7 años. También para Bruno,  “La felicidad está sobrevalorada”,   “es una entelequia”, no está muy seguro de su definición (152), igualmente, no cree en el “amor total”, “el amor verdadero”,  al que considera una impostura (153).  Y ve a la vida como un asumir el hecho el vivir en soledad, algo que le produce “un sedimento de amargura tenue” (153).   Detesta su vida y tanto daría por ser otro, cualquiera de los personajes que interpreta (126),  que  ignora hasta dónde es él mismo o  cualquiera de ellos, o varios a la vez (152),  Sufre, vive atormentado por la mala relación con sus ex y con  sus hijos grandes sumido “en un alud de preocupación,  de cansanciode angustia, de hastío, de irritación, de culpabilidad,” etc,  etc (74) que le producía muchas veces,  insomnio (74, 124)”.  Ver más  adelante, el apartado sobre los hijos y su relación con él, igualmente ver el de   La relación con su padre, que siempre lo ha desvalorizado y dominado.   Ha tenido además muchas relaciones de pareja y amantes   (73, 123, 153, 154) antes de iniciar esta con  Aida, 11 años menor que él (411). Y ha sido un marido infiel,  por ejemplo, cuando “se tiraba noche si y noche también a la Lisístrata de la obra” (76)  que sí consiguió el papel (que no pudo  Marisa,   que era actriz y estaba entonces embarazada de 5 meses,  aunque  hubiera ido a la audición fajada,  por la que su primogénita lleva el nombre).  Esa infidelidad Marisa nunca la  supo “como tantas otras cosas que formaban el catálogo inagotable de mentiras de Bruno” (76).  Sin embargo, cuando ésta enferma de cáncer de páncreas,  él la cuida  con  esmerada dedicación (322, 347, 348). Macarena, la segunda mujer,  era  muy emotiva,  muy  llorona por lo que fuera, “con inocencia medio hippy”  (121).    Bruno le confiesa a Aida que  había sido esa, una relación “agobiante”   en la que “que se dejó llevar” que él en realidad,  no había querido casarse (120-123), que lo hizo por los  papeles de adopción de la niña (Macarena había querido adoptar, no él) .  Cuando Bruno recuerda el inicio de su relación con Marisa, tan jovencitos ambos,  tiene “una sensación de extrañeza”, no se reconoce,  a ese joven “ese que tiene mi nombre es un personaje de libro que leí hace mucho tiempo y que recuerdo vagamente” (215).

Todas las mujeres de su vida sin excepción  concuerdan en que Bruno es egocéntrico (442, 443)  Asier, el ex pareja y compañero de  Aida ve a Bruno “inseguro, egocéntrico y seguramente una mierda” que la trata mal.  A ella la ve cambiada desde que está con Bruno, la ve triste (412). Y ella siente vaivenes sentimentales que van de la euforia al miedo a   sentirse sola (422).  La amiga de Aida, supuestamente  médica,  Jimena,  lo veía a Bruno “inconsistente” (“reproduciendo un guion”, “impostura total” (383).  Todas las mujeres que habían pasado por la vida de Bruno coincidían en que “Bruno sólo se quería a sí mismo” “o para ser rigurosos se quería  tan por encima de todas las cosas que podía llegar a ser cierta la afirmación de que sólo se quería a sí mismo (…)”,   que tenía un “elevado concepto de sí mismo”  y que el resto de las personas, etc, etc,   a su alrededor “palidecían  hasta hacerse invisibles” (442).  En cuanto a la explicación de por qué esto era así, había distintas interpretaciones entre ellas dependiendo del amor que sintieron por él y “el grado en que sus expectativas se hubieran visto defraudadas”.  El mismo si tenía que dar una explicación al respecto, daba una muy confusa (442). El reconoce, sin embargo,  haber sido mal marido, o pareja, pero a algunas mujeres las quiso (127) (Y sí que las quiso, a su manera las quiso y cuida a Marisa con su cáncer). 

Y ahora hago una observación, sobre el tercer párrafo de la pág 442: “Otra cosa muy distinta era que…Tan suyo que jamás…. de nadie”.  Le he dado muchas vueltas y no me cierra.  La autora nos dice que  la verdad última de que fuera egocéntrico,  cubierta muchas veces por “una capa de indolencia o aparente desinterés”, llevaba a la  errónea conclusión de que Bruno  “era un tipo inconsistente en lo emocional”  tomado inconsistente, se entiende, con la def. que nos proveyó la autora puesta en boca de Jimena señalada por mí más arriba, (guion, impostura) (383).  La autora nos dice que esas personas “que así lo juzgaban se equivocaban de medio a medio”.  Y  L.C: nos da la pista: “quizás el gran problema  a la hora de establecer relaciones  personales tenía que ver, para decirlo de una forma sencilla, con que Bruno era muy suyo” (egoísta, ególatra).   Y con esto, derrumba, según como yo lo veo, una caracterización soberbia  de la compleja  personalidad de Bruno, relegándola a un mero desajuste en las relaciones por ser un simple egoísta.  Una pena.  Tampoco es que fuera, desde la psicología,  “un inconsistente en lo emocional”  completo creándose vidas diferentes a la suya, y viviendo con una personalidad completamente  falsa, hueca, ficticia (pero eso no pueden saberlo las personas -personajes de la novela- que lo critican, obvio) .  Hay puntos dolorosos en su historia vital, que están muy bien señalados en la obra,  y el  dolor hace que se cierre, poniéndose una coraza, para evitarlo,  algo que lo hace ver insensible o indolente, cuando en realidad es un sujeto sufriente que no está a gusto para nada con su vida, que daría lo que fuera por ser otro, por ver a sus hijos felices, por tener una buena pareja.  

 El lunes  veremos  Los padres de Bruno, la relación del padre con él y la de Bruno con sus propios  hijos



Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg


8 comments:

Genín said...

:)
Besos y salud

pancho said...

Gran trabajo en profundidad y de síntesis de los personajes principales y las relaciones que los unen en la novela.
Voy por la mitad de la novela y la mayoría de las cosas que cuentas de después ya se van intuyendo.
Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero said...

Excelente análisis con el que coincido plenamente, Myriam. Quizá en la caracterización de Bruno pese excesivamente la mirada de Aida porque, en realidad, nunca le vemos actuar verdaderamente por él mismo.
Besos.

chusa said...

Detallado anàlisis de la obra, te felicito Myriam aunque no puedo decir nada porque no la he leìdo aùn. Besitos :)

Manuel López Paz said...

Interesante análisis. Ya llevo digerido una parte de la novela ;D

Besote guapa

Javier Rodríguez Albuquerque said...

Con estos trabajos tan intensos, casi nos ahorras la lectura del libro :-)
Un beso.

Abejita de la Vega said...

Aida es un personaje muy bien trazado, fruto de mucho tiempo sin atreverse a publicar, me da la impresión.
Aida necesita completar el puzzle familiar para entenderse a si misma. Bruno es una pintura estupenda del egoísta incapaz de dar amor.

Excelente análisis, Myriam.

Besos

Paco Cuesta said...

Tras tus comentarios dan ganas de releer la novela.
Besos