Monday, January 9, 2012

En la pasíon del momento I



Enrique, ansiaba  en el fondo, cambiar de vida.  Había cumplido 52 años y  hacía tiempo que sentía que su vida  estaba cayendo en  una monotonía apagada y gris, por lo que en un deseo de darle un nuevo giro,   decidió que era  hora de probar algo diferente. Así que, se levantó temprano  esa mañana en cuestión  y con algo de esfuerzo, llamó a su oficina pidiendo  le concedieran las vacaciones que  desde hacía tres años no se tomaba,  alegando imperiosa necesidad  de tomárselas ahora, porque se sentía muy agotado. Como si por ejercitar ese derecho, tuviera necesidad de justificarse. Pero así era él de culposo.   Sabía muy bien que le gustaba viajar y lo había pensado  hacer después de que su mujer se fugara con Alberto -a quien hasta entonces lo había creído su mejor amigo-  pero en lugar de tomarse ese descanso lejos de su tierra natal  para olvidar, para cambiar de óptica, o siquiera encontrarse a sí mismo -que no es poco-, se sumergió en cambio en el trabajo. Era ingeniero hidráulico, algo que de verdad,  le  apasionaba y que ahora -dadas las circunstancias- le servía también de anestésico.

Uno de sus logros por los  que más orgullo sentía era el de  haber fundado "La semana internacional del agua",  un Congreso en el que anualmente se reunían los grandes especialistas mundiales  en la materia. Aquellos hombres y mujeres conscientes de la importancia de preservar este recurso natural tan importante,  pues el agua -como sabemos- es la esencia de la vida y sin ella, la extinción de nuestra especie, es un hecho. Pero ahora Enrique estaba extenuado, deprimido, con un sentimiento de vacío que lo atormentaba y en el que sentía que se hundía cada vez más, por lo que en un acopio de sus últimas fuerzas llenó de aire sus pulmones, salió a la calle y compró finalmente el billete de avión.

La pequeña nave  aterrizó  en  el aeropuerto San José de Costa Rica. Enrique fue uno de los primeros pasajeros  en descender. Después de pasar migraciones, un taxi lo llevó -como estaba previsto- al  Barceló San José Palace.

Al día siguiente nuestro amigo, excitado y por primera vez en mucho tiempo, alegre como un niño con un juguete nuevo, alquiló un jeep y  condujo ilusionado hasta  la  Playa Cahuita, en el cantón de Talamanca.  El aroma de las flores lo embriagaba, el sol  acariciaba  su piel y  el mar.... ¡¡¡Oh el mar!!! Pronto llegaría a la playa ¡Cómo deseaba bañarse  en el  Mar Caribe y chapotear en sus aguas cristalinas!.

Y allí la vio.  Era el ser más esplendoroso que jamás hubiera visto. Una larga cabellera castaña caía por sus hombros en voluptuosa catarata. Su piel  era  bronceada y tersa. Sus ojos de un verde intenso  y sus labios carmesí, carnosos como una fruta fresca, dejaban entrever en la sonrisa sus dientes  de nácar. Sentada en la roca, como una aparición, como un ángel celestial, sostenía en sus manos un laúd.  ¿Un laúd?  se preguntó Enrique con sorpresa mientras frotaba sus ojos, ¿Hay alguien que aún hoy ejecuta este instrumento?  Sin embargo, ahí estaba ella, esta extraña diosa, cuyos dedos finos tensaban las cuerdas .¡¡¡Qué melodía dulce, qué voz maravillosa!!!

Enrique no podía salir de su  estupor,  embobado,   nadó hasta la roca en que  esa mujer -que convirtió en su amada- tocaba la música. Ahí permanecían juntos en las horas diurnas, pero al caer la noche se separaban, pues ella retornaba a las profundidades del mar,  dónde él no podía seguirla y él, cabizbajo y mustio enfilaba a su hotel.

Mas hete aquí que un día cuando estaba Enrique sentado en la roca cerca de esta mujer-ángel-sirena o lo que fuera,  los vientos comenzaron a soplar muy fuerte, las olas se alzaron iracundas y rugientes hasta el cielo, para romper minutos más tarde con  estrépito   en la roca, arrastrando con ellas a Enrique y a la sirena en un agitadísimo remolino infernal.

Cuentan los lugareños que de tanto en tanto aparecen  las figuras  de los amantes en la roca al tiempo que una dulce melodía se escucha.  Lo cierto es que los pecadores al tirar sus redes en la  cercanía del lugar, las recogen llenas de peces y prosperidad reina en la aldea. Pero un día, en la red de uno de los  pescadores apareció el cadáver de un hombre, al parecer, ahogado.  La policía acudió al lugar y éste fue llevado a la morgue del pueblo.. 

El médico forense se preparó entonces  para proceder a la identificación de la víctima, para iniciar luego la autopsia reglamentaria. Mientras lo hacía, sus ojos se posaron en el rostro sin vida y captó  una extraña sensación de paz. Continuando con su observación, vió que  el puño izquierdo  estaba cerrado, como guardando con fuerza algún secreto.   Cuando por fin el médico lo logró abrir -rompiendo los huesos con un martillo, tal era el rigor mortis- rodó de  él un huevo de cristal con un fondo marino de rocas, agua, peces y corales.  El médico lo observó más atentamente y vio sobre una roca, a nuestro Enrique y a la Sirena tiernamente abrazados; al agitarlo, cayeron aromáticos pétalos de rosa y el sonido de un laúd llenó la estancia. Instintivamente su vista  se volvió a la camilla  en donde tenia acostado  al cadáver, pero grande fue su sorpresa al ver que  la mesa de autopsia estaba vacía. 


En la pasión del momento II

26 comments:

LA ZARZAMORA said...

Queda por ahí algún sireno para mí?
Sonrío.

Besos, Myriam.

Graciela said...

Enrique llegó para hacerle saber a los médicos forenses, que aún el amor existe :) no importa la edad?

Por un momento me trasladé a las aguas claras, sacándome el calor que hace aquí.

Besitos Abupordos.

José Antonio del Pozo said...

la mesa de autopsia estaba significativamente vacía porque al AMOR no se le puede meter el escalpelo o las pinzas forenses, se escapa a la fría razón y pervive calentito en el fondo de los mares, al lado mismo de las llaves del corazón, cuya música mejor, sí, es la de un laud:laudeamus igitur, myr.
saludos blogueros

Jan Puerta said...

Costa Rica es así. Palabra de uno que se enamora cada vez que la pisa.
Un abrazo

Asun said...

Enrique ansiaba cambiar de vida, y lo consiguió... aunque a punto estuvo de perderla. Más vale que el forense estuvo atento y se fijó bien en su puño cerrado y pudo desfacer el encanto.

Hoy no sé si mandarte besos de sirena, de sireno, con música de laúd o aromatizados con perfume de rosas.
Bueno, ante la duda te mando unos miles de cada y vete eligiendo según desees.

Belkis said...

Que hermosa muestra de todo lo que es capaz de hacer el amor. A veces todo es tan fugaz que no sabes si es fantasía o realidad, pero por efímero que sea el sentimiento, deja una profunda huella.
Me encanta Myr!!!! Sigue deleitándonos con estos bellos cuentos.
Un abrazo

TORO SALVAJE said...

Tocas el laúd Myriam?

Ummmmmmmmm

Besos.

MariluzGH said...

Aquí me dejas con la sonrisa de oreja a oreja y mirando mi mano a ver si tengo alguna de esas bolitas de cristal :)

abrazos para ti

Fernando Santos (Chana) said...

Olá Myriam, gostei do texto...Espectacular....
Cumprimentos

Aristos Veyrud said...

Toda transformación y metamorfosis implica una parte que muere que se deja, y otra que nace que empieza a vivir. Al protagonista lo abandona la mujer con razón o sin ella, el se encuentra en nueva situación, nueva geografía, nueva vida con dictamen médico nuevo y símbolo existencial distinto y en el Caribe!!!
Un abrazo Myr!!!

elisa lichazul said...

fantástico relato Myriam
y pensar que ayer vi unos vídeos en donde se asegura la existencia de sirenas en nuestros océanos
sincronía sin duda

felicitaciones!!
abrazooo grande, feliz semana

Javier Rodríguez Albuquerque said...

No me suelen gustar las "segundas partes", pero esta historia parece que la está pidiendo a gritos :)
Un abrazo.

Fernando López Fernández said...

Me apunto a la sugerencia de Javier.
Un beso

lichazul said...

Myriam te dejo la url nueva, para que te enteres

http://elychazul.blogspot.com

abrazoooo

PENELOPE-GELU said...

Buenas noches, Myriam:

Pobre Enrique, qué desilusión, ¡su mujer y su mejor amigo!.
Si los quería de veras, pues ¡que les vaya bonito!.
Leyendo tu texto he pensado en esta
canción: La Sirena y en la película
Ciudadano Kane, por aquello de la bola de cristal.

Abrazos

Abejita de la Vega said...

A Bécquer le hubiera gustado tu leyenda, Myriam.

Paco Cuesta said...

Historia de amor y paz, tan necesaria como bella.

OceanoAzul.Sonhos said...

Que historia lindíssima, minha amiga.

O amor é eterno e por vezes não se explica. Toda esta envolvente onde se passa este conto encantado é magnifica.
Também sugiro que continues a história, ficamos à espera...
beijos
CVB

Hada Saltarina said...

Gracias por tu cariñosa compañía en este tiempo tan duro que estoy viviendo.

Muchos besos, pequeña romática y amiga

Aldabra said...

bravo, bravo, bravo, bravo, bravo...
bravísimo...

¡¡que chulada de relato!!

¡¡y que bien escrito!!, te lo digo en serio...

es romántico sin empalagar y sonseguiste muy bien la intriga, aumentándola al final...

genial...

con tu permiso la enlazaré en el blog con tu vídeo de sirena, ¿te parece?

biquiños,

virgi said...

El amor logra lo imposible. Ni cantos de sirena, ni nada, puro romanticismo.
Nuna es tard, querida Myriam, para encontrar la felicidad.
Muchos besos muchos.

Pedro Ojeda Escudero said...

A los forenses se les debería prohibir tocar las leyendas.
Qué hermosos textos estás publicando últimamente.
Besos.

MIMOSA said...

Un hermoso cuento Myr!
Una lagrimita mía cayó entre los pétalos.

Besos dulces!

(¿Te puedo llamar Myr?)

ANTIQVA said...

Las sirenas existen, amiga... Estoy seguro... Incluso en tierra adentro...

Un abrazo (me encantó el relato...)

Edurne said...

Qué bonita historia!
Me ha encantado, de verdad!

Besitos marinos
;)

Catalina Zentner said...

El amor es así, genera ilusiones, pasión y siempre sorprende y emociona.