Wednesday, January 11, 2012

El flan de la vida en Primavera: observando los temblores en la Sonata de Primavera de Valle-Inclán

 En la magnífica prosa poética de la Sonata de Primavera de  Valle-Inclán,  tiembla la Naturaleza que recién se despierta de un largo y frío invierno y lo hace en todas sus formas:

Aquí tiembla la Naturaleza propiamente dicha:

"[...] y los  rayos de sol que pasaban por entre el follaje, temblaban en ellas [las cinco hermanas] como místicos haces encendidos" (Cap 6)
 
"En el azul profundo temblaban las estrellas [...]" (Cap 13) 


Tiembla también la joven María Rosario, que evita con todas sus fuerzas despertar su sexualidad y consagrarse a la vida religiosa en un Convento y lo hace más cuando está cerca del Marqués:


"En su mejilla temblaba la sombra de las pestañas y yo sentía que en el fondo de mi alma, aquel rostro pálido temblaba con el encanto misterioso y poético que tiembla en el fondo de un lago el rostro de la luna" (Cap 7)


"y su boca [la de María Rosario] intensamente pálida, que parecía entreavierta por el anhelo de un suspiro temblaba" (Cap 12)

"Yo veía que toda su figura temblaba [la de María Rosario]" (Cap 20)

 "Procuraba mostrarse serena, pero yo veía temblar sus manos sobre los floreros [ las de María Rosario]" (Cap 25)


"Pobre niña, vuestro corazón tiembla por mi [dice el Marqués] (Cap 27)
 

Hasta que María Rosario logra controlarse:

"María Rosario había dejado de temblar" (Cap 27)


La oraciones también tiemblan:

"EL temblor de un rezo pasó por las lenguas barbas [del Prior y de los graves teólogos] que salían del misterio de las capuchas [...]"  (Cap. 10)

La vejez tiembla:

"[...]la vieja salmodiando bendiciones, temblona sobre su báculo" (Cap 11)


Los objetos inanimados de la casa también tiemblan:

"En los cristales de una ventana temblaba el reflejo de la Luna  [...]" (Cap 13)

"De tiempo en tiempo la cortina temblaba [....]"  (Cap 17)


Los hombres tiemblan:
Aquí tiembla el criado-soldado Musarelo al ver a su Capitán, el  Marqués,  herido:

"[...] yo sentí que sus manos temblaban [las de Musarelo]" (Cap 17)


Aquí tiembla el Marqués:

 "Aún recuerdo que mi corazón tembló, como el corazón de un niño, cuando volví a verme frente a la Princesa Gaetani" (Cap 17)

"Mi orgullo levantábase en ráfagas, pero sobre los labios temblorosos estaba la sonrisa" (Cap. 18)

"Y mi voz helada por un temblor nervioso, tenía cierta amabilidad felina que puso miedo en el corazón de la Princesa" (Cap 18)


Hasta tiembla la imagen del Marqués:

"Yo me incliné sobre la fuente, y como hablase con la imagen que temblaba en el cristal del agua, murmuré: [...] (Cap 20)


Y -como la guinda del pastel- no podía dejar de temblar tampoco  la furibunda Princesa Gaetani:

"La Princesa no esperaba tanta osadía y tembló" (Cap 18)

como tampoco podían  dejar de hacerlo las palabras en labios de la bruja:

"Yo  [El Marqués] veía temblar sobre sus labios palabras que no podían orírse" (Cap. 21)

ni siquiera el pérfido Mayordomo Polonio se salvó de temblar en la Sonata:

"Inclinó la cabeza y lo recibió temblando"  [al anillo del Marqués que antes había dado a la bruja] (Cap 24)


Como podemos observar, el temblor es un recurso permanente en esta Sonata, porque nos lleva a un despertar de  la Naturaleza luego del largo y gélido Invierno - tal como sucede en la Primavera- en todas sus formas: amimadas (las personas), inanimadas (la fuente, la luna, las cortinas etc), jóvenes (María Rosario), viejas (la anciana de la Iglesia), malas (La Princesa Gaetani, la bruja, el mayordomo Polonio, el Marqués), buenas (Los rezos, María Rosario) tanto en hombres (Musarelo, el Marqués) como en mujeres (P. Gaetani, María Rosario); tanto en pasión contenida (María Rosario) como en la desfachatez (del Marqués) como en la rabia  (de la Princesa Gaetani) o el temor (de Polonio).

Sobre  el personaje tan especial del  mayordomo Polonio -brazo ejecutor de las maldades de la Princesa Gaetani-  hablaré el próximo miércoles.

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.  © Myriam Goldenberg

18 comments:

Aldabra said...

¡que bueno que te hayas fijado en esos temblores!... de verdad.

podría entenderse como un recurso para que la lectura tenga más movimiento, no sé, se me ocurre ahora.

biquiños,

Myriam said...

tal Cual, ALDABRA: Más movimiento y también creo yo: fragilidad, delicadeza...ahora que lo mencionas.

Besos

Estrella Altair said...

Myriaaaaaaaaaaaaaaaaaaaammmmmm

que estas muy vibrante... de esas que tiemblan.. con la vida y sienten..

y transmiten como tu en tus artículos pasión por vivir..

y no te digo con tus comentarios en mi blog..

que me tiemblo... que tiemblo de gustittttttttttttttttoooo

besitos mi niña hermosa... de temlbores misteriosos..

Montserrat Sala said...

En estas pocas líneas hay temblores para todos y de todas las clases.
Has estado estupenda y muy sagaz al descubrirlos.

te dejo toda mi estimación

pancho said...

Hasta la Torre de Pisa sintió los temblores que la hicieron inclinar en esta Italia admirable, tan antigua y cuna de civilizaciones.

Bien visto y buen trabajo recopilador.

Un abrazo.

ANTIQVA said...

Que bello, amiga... Que bello...

Un abrazo fuerte

Isabel said...

Curioso que hayas recopilado todos los temblores, se muestra muy bien lo que quería transmitir el autor.

Un abrazo.

FAYNA said...

Myr, eres una fuente inagotable de conocimiento que fluye fresca y constante para darnos a todos de beber.

UN ABRAZO GRANDEEE

Merche Pallarés said...

Ahora que lo dices, me voy a fijar más en esos temblores... Muy bien traidos con el despertar de la primavera. Besotes, M.

Nómada planetario said...

Te has convertido en el sismógrafo de la literatura. Has detectado hasta la última onda.
Besos sin temblores.

MIMOSA said...

No estoy siguiendo la lectura de las sonatas, espero reincorporarme a las lecturas con el siguiente título, no obstante, esta entrada tuya me ha hecho temblequear, me ha resultado de lo más curiosa y fascinante, ..¡hay que ver como te fijas en los detalles!!!

Besos grandes!!!

Gelu said...

Buenas noches, Myriam:

Tengo ganas de comenzar la lectura de la Sonata de Primavera. Espero hacerlo mañana, en cuanto acabe la entrada de la de Estío.
Gracias por advertirnos sobre los temblores contagiosos. Instalaré el termostato. No soporto el frío, y me veo con las manos heladas y castañeteando los dientes, porque al ser tan generalizado podía ser a consecuencia de la temperatura, ¿no?.

Un abrazo.

Tracy said...

Interesantísima tu entrada de hoy que me ha hecho apreciar esos detalles que cuando leí la obra en mi época de estudiante no supe apreciarlos.

Aristos Veyrud said...

"La noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos..."
En el arte todo crepita desde el pulso de los artistas que se armoniza con el del universo y el de la naturaleza.
Vibrante lectura!!!
Un abrazo Myr!!!

Pedro Ojeda Escudero said...

¡Qué bien visto! En efecto, a diferencia de lo que ocurría en el otoño -melancolía y noche- o en el verano -en el que todo era luz y calor-, aquí todo es convulso para acompañar este despertar a todos los instintos -incluso los peores.
Un beso.

Abejita de la Vega said...

Es un texto temblón, muy primaveral; pero también huele a incienso que marea.

Le has encontrado el punto...

Besos, Myriam

Paco Cuesta said...

Miedo, impaciencia, curiosidad, llamada de atención: Temblor.

Estrella said...

Aún no lo he empezado y ya tiemblo :-)

Qué bien sabe enmarcar Valle-Inclán estas Sonatas.

Tu comentario es excelente, como siempre.

Gracias, Myriam.