Thursday, January 19, 2017

Hacerse a la mar - 5, o los amores de Belisario y Antonina, o los de Teodora y Justiniano, Siglo VI, o la envidia de mi hermano Procopius (1)

                         El dromón, orgullo de la flota bizantina

Mi nombre es Procopina de Caesarea (1), hermana melliza de Procopius, el envidioso y resentido, que la vida me otorgó como hermano.  Y soy  cronista -o escriba de las crónicas jamás contadas- pero no por eso menos ciertas. ¿Qué como aprendí el arte de la escritura? Tal cosa sucedió,  queridos lectores,  durante el tiempo en que me encontré como huésped involuntaria de los Gasánidas, que eran tribus árabes aliadas de  nosotros  que practicaban el cristianismo (2) y ellos tenían larga tradición de honrar a la mujer; una tradición  heredada de los Tanújidas  ensalzadores del amor cortés, inspirado por la caballerosidad cristiana, tal como lo manifiestan en su rica poesía de la que ahora no recuerdo ninguna estrofa, lo siento.  Podría contarles  mi tiempo pasado  entre ellos, pero lo que hoy quiero relatar, en verdad bien verdadera y humeante,  cual caldo de guiso al fuego, es como mi hermano con su visión distorsionada por la masculinidad de su sexo y  sus prejuicios, llamaba casi prostituta, serpiente, intrigante  y no sé cuantos vituperios  más -y aún peores- a Antonina, la mujer de Belisario, uno de los mejores y más leales  Generales de Justiniano I, Emperador de los Romanos de Oriente, con capital en Constantinopla. Belisario,  a quien  mi hermano llamó poco menos que cornudo, blandengue, idiotizado  por el gran  amor que sentía por su esposa. Procopio  era su  consejero legal por orden del Gran  Justiniano y por ello acompañó  a Belisario en su primera campaña  contra los persas  (527- 531) y un par de años más tarde a la expedición contra los vándalos y después,  a la campaña gótica de 540, fatigado, luego, de tanto trajín, finalmente, se instaló en Constantinopla, pero tampoco allí gozó de tranquilidad, pues en 542 la ciudad  fue azolada por la plaga (hasta Justiniano fue atacado por la peste  pero milagrosamente se salvó, quizás por todos los templos que al Buen Dios le edificó).

Todos estos sucesos que  mi hermano, como testigo que fuera, describió minuciosamente, no he de negarlo, pero siempre  ¡con una dosis intoxicante de veneno adicional! Hay quienes podrían decir que Procopio no dejó títere con cabeza y no se equivocarían en absoluto. Si él llegara a saber que soy escriba y que les cuento todo esto,  también me llamaría, como mínimo,  lupina. Todo el veneno lo vomitó en su Historia Secreta, pero para el mismísimo emperador Justiniano, escribió panegíricos, jaculatorias y laudas, llenas de ensalzamientos y adornos empalagosos, igualmente lo hizo al relatar  sobre todos los Edificios que éste había mandado construir para engrandecer  el Imperio -que fueron muchos y en verdad, esplendorosos, como la  Basílica de Hagia Sofía en Constantinopla o la  Iglesia de San Vitale  en Rávena, con sus estructuras sobre planta cuadrangular y en cruz,  en ladrillo (en lugar de la piedra habitual hasta entonces) y ricos mosaicos empotrados en la estructura (en lugar de estatuas por fuera  de las paredes)  por no hablar de las   magníficas  cúpulas-   pero de todo eso hablaré, quizás,  más adelante.  

A propósito de lupina, recuerdo muy bien  haberle oído decir, ¿a quién? ¡a mi hermano, pues, claro!, que la mujer del Emperador  anterior  que se llamaba Justino y era tío del actual,  además de analfabeto perdido  y más bruto que un buey en un arado, estaba casado  con una mujer   extranjera llamada  Lupicina  y que  por temor a ser asociada con las lobas, meretrices  o prostitutas romanas,   cambió su nombre al de  Eufemia (¡vaya eufemismo más oportuno el suyo!,  nunca mejor dicho).

Hoy quiero contarles empero  del  día soleado y con aire agradable, propicio para zarpar las grandes aguas, en que nos fuimos  en el dromón  rumbo a las costas de África, seguidos por supuesto de toda la flota imperial.  Mi hermano estaba  a bordo y yo me hallaba,  mezclada entre los marineros disfrazada de hombre,  porque si por él hubiera sido, a bordar me hubiera mandado y en casa, bien encerrada, bajo 7 llaves y ojos,  para  dejarme en  total aburrimiento y sofoco, que la vida es aventura, ¡aventura  y de la mejor! y eso le toca a ellos, por el hecho de ser hombres y a una siempre la dejan atrás (o adentro).

Acompañaba al gran Belisario, como siempre,  Antonina, su mujer;  que era  de armas tomar y digno ejemplo a emular porque dijeran lo que dijeren,  ella siempre iba con él  a donde quiera que fuese, apoyándolo, acompañándolo, sufriendo las intemperies y trajines de los mares y rutas de tierra;  hora con  lluvia incesante y arrecios vientos;  hora con   agobiantes calores que mucho de infierno tenían;  cuando no  enfrentando salteadores y bandoleros.   Como ejemplo de su inteligencia he de contaros que  la mismísima Antonina salvó a su cónyuge y tripulantes, al guardar en sitio seguro el agua  de nuestro dromón, evitando de esta guisa la contaminación por la mugre y  las algas,    por eso estoy aquí viva relatando estos sucesos, más empero  las otras naves no corrieron la misma suerte y hete aquí que muchos enfermaron o murieron por tanta defecación (3).

Santa lo que se dice Santa, Antonina, no lo era,  y de cuando en cuando se tiraba una canita al aire (más que canita, petardo, ¡petardo grande y sonoro!) con marido que  para otro lado miraba. Los enemigos de Belisario no tardaron una vez en chivarle, imponiéndole que reaccionara, mas la  señora que era un lince de brillante, habló presto  con su amiga de juventud;  ambas habían sido actrices de Teatro antes de sendos matrimonios tan ventajosos que las arrojaron de la baja estofa a la cúspide del Poder.  La amiga era, pues,  nada menos que su divina majestad,  la Emperatriz Teodora,  y entreambas urdieron un plan en el que Belisario hubo de rendirse a su mujer y agradecerle in aeternumper seculum seculorum, no haber perdido la gracia de la Emperatriz y  todo su patrimonio, en virtud de  la oportunísima intercesión de su solícita  mujer, que ¡vamos! cuernos por ahí le metía, pero quererlo, lo quería y mucho, me consta.  El,  que siempre pusiera  por delante los intereses del Imperio, incluso financiando las campañas con su propio capital, ante su mujer agachaba la cabeza -según mi vilependioso hermano- y esto era algo intolerable para Procopio que gustaba de juzgar a las personas, fuera, claro, de a sí  mismo, porque él, era ante sí y para sí, el más justo  y probo de los varones que el suelo de Caesarea Marítima viera una tarde nacer.

Mi hermano   era incapaz de  reconocer el hecho de que Belisario confiaba en el buen criterio  e inteligencia de su mujer, de otra manera, no la hubiera dejado -habiendo  ya desembarcado en África-  por ejemplo,  al frente  de toda la infantería de 10.000 hs, mientras él se desplazaba  con la caballería  (entre 5 y 7.000 hombres con sus caballos)   a un punto  al que  ella se le unió  con la tropa de a pie,   juntando así  todo el ejército romano para vencer a los Vándalos. Antonina fue indispensable para el éxito de esa campaña y es de sabios y justos el saber reconocerlo.

Por hoy, termino aquí este relato a continuar otro día, porque tengo por delante mucha  tela marinera.



Notas:

(1)  Procopina de Cesarea: personaje ficticio  creado por mi como contrapunto a Procopio de Cesarea.

(2) En el  Siglo VI pre-islámico, Las tribus de los Gazánidas (árabe: الغساسنة, al-Ghasāsinah, también Banū Ghassān "Hijos de Ghassān") eran un grupo de árabes, descendientes de las tribus Azd, que emigraron a principios del siglo III de la península árabe meridional al Levante  y  se fusionaron con las comunidades cristianas de habla griega  Melikitas y Siríacas en los actuales Jordania, Siria, Líbano, Israel y Territorios Palestinos.  Antecesoras eran las Tribus Tanújidas del Siglo IV y las Zokomidas del Siglo V. Los gasánidas al fusionarse se convirtieron al Cristianismo  (Siglo I de la EC) y permanecieron siéndolo después de la conquista musulmana del S. VII. 


  1. Saudi Aramco World: The Kind of Ghassan. Barry Hoberman. http://www.saudiaramcoworld.com/issue/198302/the.king.of.ghassan.htm Accessed 31 January 2014. 
  2. Bowersock, G. W.; Brown, Peter; Grabar, Oleg. Late Antiquity: A guide to the Postclassical World. Harvard University Press.
  3.  "Deir Gassaneh".
  4.   bury, john. History of the Later Roman Empire from the Death of Theodosius I. to the Death of Justinian, Part 2. courier dover publications.

(3)  Véase la campaña a Los Vándalos,  en el Puerto de Modona hacia la isla de Zante, habían cargado suficiente agua para cruzar el Adriático, pero por causa de los malos vientos, relata Procopio en la Historia Secreta,  demoraron 16 días y las reservas de agua fueron contaminadas, todas menos la de la nave de Belisario, gracias a que Antonina la protegió, haciendo colocar el agua en jarras de vidrio  y construyendo una pequeña habitación con tablones en la bodega, donde era imposible que el sol penetrara, y luego  allí hizo hundir las jarras  en arena, como no entraba el sol  y las jarras de vidrio estaban limpias,  las algas  no atacaron el agua.


 Bibliografía:

Procopius of Caesarea "Secret History (la Anécdota)" 

Wikipedia




9 comments:

Cayetano Gea said...

Espléndido texto, muy ameno y divertido. Muy convincente el recurso literario de usar la primera persona, con ese personaje femenino inventado, verosímil en todo caso.
Un abrazo, Myriam.

Genín said...

Una entrada muy didáctica y entretenida, un poco larguita... :)
Besos y salud

Pedro Ojeda Escudero said...

UNa verdadera novela bizantina, desde luego. A por la siguiente entrada.
Besos.

Kasioles said...

Hasta tus personajes ficticios entran de protagonistas en esta historia, la mujer ocupa un buen lugar, no se queda en la cocina ni zurciendo calcetines en casa, es valiente, hasta sabe escribir y le gusta la aventura.
Las notas de humor que incluyes, hacen todavía más agradable esta entrada tuya.
De nuevo con todos vosotros, aprovecho para agradecer tus letras y dejarte un fuerte abrazo con mis cariños.
kasioles

Prunus said...

Como me gustan los nombres MYr...yo tambien quiero un nombre asi de largo.

Ya mas en serio, una historia muy interesante.

Abrazo,

Manuel López Paz said...

Me ha encantado. Un recurso literario el de la primera persona que me he dado cuenta da para mucho

Besote guapa

Ambar said...

Un trabajo perfecto en su desarrollo que, además, resulta interesante y ameno.
Besos Myriam

Abejita de la Vega said...

Procopina nos dará noticias de los entresijos bizantinos. Estaremos atentos. Ay, Teodora, que llega Procopina.
Beso Myriam

María Pilar said...

Interesantísima y divertida historia Myriam. MUy bien ambientada. Como hay tela para rato esperaremos nuevas entregas.
Besos guapa.