Wednesday, November 27, 2013

B- Las relaciones sentimentales en La estafeta romántica, Episodios Nacionales Serie 3, 26, de Benito Pérez Galdós (1)


Ya hemos visto como  
Benito Pérez Galdós (BPG)  en "La estafeta romántica", de los Episodios Nacionales, 3ra Serie, Nro 26,   da voz a una serie  de personajes femeninos hábilmente diseñados (ver entrega 1 y entrega 2),   situados en la España de 1837 azotada, en ese entonces por la Primera Guerra Carlista, que  en esta propuesta intimista epistolar,  queda relegada a un mero telón de fondo. También hemos visto como BPG hace una serie de denuncias a través de estas voces.   Ahora en esta serie de entradas, vamos a ver, desde la Psicología, como se relacionan sentimentalmente estas mujeres y  como son sus parejas, prestando especial  atención al vínculo que establecen ambos. 


María Tirgo, la primera de las mujeres que aparece,  no tiene pareja. A lo largo de la Estafeta se habla de ella y del hermano cura párroco de La Guardia, Galicia. Ambos asumen la custodia de las sobrinas  Demetria y Gracia que quedaron huérfanas, convirtiéndose en los padres sustitutos. María Tirgo, aparentemente, encarnaría a “la típica solterona”. A menos, que sea viuda y no nos hayamos enterado, pues BPG nada dice de su estado civil, ni sentimental.

Juana Teresa   está casada con Rodrigo Urdaneta y viven en Cintruénigo, Navarra. Tienen un hijo (Rodriguito). Como ya hemos visto antes,  esta mujer es una víbora, más mala que la peste. En Carta II habla de su marido con su amiga María T, (refiriéndose al entierro de su suegro) determinó Rodrigo que las exequias fueran solemnísimas y de una nunca vista suntuosidad, como a tan esclarecido difunto correspondía”, luego le sigue contando a la amiga, lo que ambos hicieron. En la misma Carta agrega Rodrigo y yo estamos muy aliviados de nuestra tristeza con la satisfacción de haber cumplido con nuestro deber, sin que nos duela el excesivo dispendio ante tan sagradas obligaciones”. Cuando ella relata el convite por las exequias dice a su amiga “ostenté lo que Rodrigo y yo hemos logrado salvar de los derroches del pobrecito D. Gastón (como ella lo apodaba al suegro).  También Rodrigo acompaña a su mujer a revisar los papales de su padre: “Hoy hemos entrado Rodrigo y yo en el cerrado cuarto de Dn Beltrán para hacer inventario”. Rodrigo que ha seguido a su mujer en todo antes, digamos que muy posiblemente -se podría tranquilamente especular, dado de la universalidad de este comportamiento-  para mantener la paz del hogar, puesto que ella es un alacrán, lo sabemos, esta vez, sin embargo, sí se diferencia y defiende  la preservación del archivo de documentos con  cartas o esquelas firmadas por Napoleón, F. R. de Chateaubriand, Talleyrand,  Mme Recamier, etc, etc…, logrando imponer su voluntad tal como ella lo expresa: “Consérvese, pues todito y archívese y catalóguese”.  Por cómo se expresan María Tirgo y su hno en las Cartas III y IV, ambos, Dn Rodrigo y Juana Teresa son bien “amados”. Y por lo visto de cara a la Sociedad representan a un matrimonio bien avenido y deseoso de mostrar boato y pompa. Bien avenido porque salvo situaciones extremas,  el bueno de Dn Rodrigo, prefiere seguirle la corriente. Todo sea por la paz del hogar. En la última carta, la XL, en la expresión de Juana Teresa “mi esposo, que santa gloria hava” al referirse a Dn Rodrigo,  me hace pensar que el pobre santo ha muerto, liberándose por fin de esta araña pollito, víbora venenosa, alacrán o bruja mala.

Valvanera Urdaneta, hermana de Rodrigo,  está casada con Juan Antonio de Maltrana, tienen 5 hijos vivos y han perdido al mayor tres años atrás. Viven en el pueblo de  Villarcayo, en la Pcia de Burgos, desde hace 12 años. Antes, vivían en Madrid. Juan Antonio, tal como lo describe Fernando en Carta V, “es un buen caballero, no del cuño histórico de D. Beltrán, sino de esta nueva caballería….” “transacción del rancio españolismo con las novedades del pensamiento francés” “Liberal, templado, adora el justo medio y detesta por igual el absolutismo y las revoluciones; cree que con componendas se obtendrá la paz de los espíritus y el bienestar de los pueblos….” “Hombre rico……” cree en el desarrollo de la riqueza y en la industria, quiere ser diputado.  Valvanera, como hemos visto, es “la encarnación del buen gusto”, afable, inteligente, etc.  Ambos encarnan a una pareja feliz,  bien avenida  (Cartas V y XVI, por ej.) en la que circula el afecto, con muy buena comunicación.  Vemos que Valvanera consulta temas importantes con su marido y busca su consejo y no guarda secretos para con él.  José Antonio la apoya, como cuando le para los pies a su cuñada en una misiva (Carta XXII)  o como cuando está presente  en el momento crucial en que Valvanera le revela a Fernando –previo consentimiento de la madre-  el enigma de su origen (Carta XXI). Aunque ambos cónyuges no estén de acuerdo sobre algún tema,  como es natural y esperable, vemos que  él  es capaz de ceder (como cuando Valvanera dice en Carta IX “algún trabajillo me ha costado convencer a Juan Antonio de que ningún daño puede ocasionarnos esta buena obra” “He logrado catequizar a mi marido”) y en el hecho de que ella busca su consejo, por supuesto se da de que ella lo escucha y valora en alto grado su opinión, siendo capaz  por lo tanto Valvanera también de cambiar de opinión, si la del marido se muestra más sensata, porque lo han razonado juntos. Señal  de que funcionan como pareja de forma flexible y sana.

Pilar de Loaysa y el Duque Felipe,  están casados en una unión muy desgraciada y  para Pilar,  asfixiante, en la que ambos no tienen intereses comunes, partiendo de la diferencia enorme entre ambos caracteres, que con el paso de los años se  ha radicalizado. No tienen hijos.   Juega un  rol importante el secreto que Pilar guarda, cuya preservación ha contribuido a ahondar más la distancia “glacial” que los separa y el vacío que esta provoca en la relación de pareja. Especialmente  en la Carta XVI Pilar cuenta a su amiga Valvanera muchas cosas de su relación marital. Pilar solo desea que su marido pase largas temporadas en el Coto de Caza, en La Encomienda, para que ella pueda respirar y está al acecho, “siempre en guardia”  para aprovechar al máximo esos pocos momentos: “Por allá se estén (él y sus amigos) luengos días, y si fueran meses, mejor, para que yo respire”.  Felipe es suspicaz (celoso) y fiscalizador con respecto a ella, cosa que se agrava en momentos de mayor tensión o de estrés  “me estorbaba enormemente Felipe… aquel Felipe continuo, pegado a mí como mi sombra y de quien no podía de modo alguno desprenderme”.  Pilar se encierra en su cuarto de baño a escribir las cartas a su amiga que guarda con celo extremo de la mirada indiscreta del marido. Felipe y ella son “incompatibles, irreconciliables, el uno es la ley, el otro su transgresión”; completamente “desavenidos, inarmonizados, como dos notas discordantes que desgarran el oído cuando suenan juntas”.  Según Pilar  en esa misma carta,  Felipe  es una persona que “carece de inteligencia” mientras que ella “la tiene de sobra”.  La pasión de Felipe además de cazar, es la colección de armas antiguas. Su mujer lo describe como una persona intolerante y rígida atada a las convenciones sociales “Mi marido es de lo que celebran culto en  los altares de la rutina social y de todo artificio que nos rodea”.  “A tal extremo llega el fanatismo….”.  Ella está convencida de que Felipe jamás perdonaría lo que según el criterio general “es imperdonable”. Incluso asegura Pilar que “la magnanimidad es una virtud que le viene muy ancha…”.  Por eso ella,  para mantener su secreto a salvo, ha construido esa muralla de silencio entre los dos. Además,  como hemos visto en esta entrada, se ha obligado a construir una representación falsa   de sí misma representando el rol de mujer “coqueta”, “tonta de trapo”, etc. Por lo que al momento de escribir la carta, reconoce a su amiga, que ella vive “una existencia frustrada que ha perdido su órbita”.

En la Carta XXIV, la suspicacia de Felipe se exacerba, “está de peores, suspicaz y fiscalizador como nunca”, “ha faltado poco para que le tire a la cabeza- dice Pilar- una tetera de porcelana”. Patente es el deterioro de la pareja en el que además del maltrato mutuo psíquico, están –al menos Pilar lo está- de llegar a la violencia física. En la carta XXVI, Pilar lamenta el “histrionismo social” de ella: “para mi es una desdicha esta penetración que el histrionismo social en su desarrollo más perfecto me ha dado. Como yo leo el pensamiento de los que me rodean, pienso que los demás leen el mío”. En esta misma carta reconoce que “la representación falaz” que ha creado de su persona para poder vivir,  ese “histrionismo social” del que habla, es “más meritorio que en ninguna, por la enorme distancia entre lo que soy y lo que represento, entre mi ingenio secreto y mi estolidez pública”. En la Carta XXIX, Pilar se queja nuevamente de “la disparidad de voluntades” que los “junta como una cadena de presidio”.  Ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo sobre dónde pasar las vacaciones. El queriendo estar con ella, ella no viendo la forma de zafar de él. Como Pilar a esta altura ya está viendo con el abogado amigo suyo,  como resolver la situación de su secreto con el menor costo social posible, sus ansiedades van en aumento, con lapsos de “delirios” o  como cuando se  sorprende “hablando como una cotorra” en las reuniones sociales, “sin saber lo que dice”, “algo como una lección aprendida” que se figura “ha de embelesar” a los que la oyen.   La cúspide de las ansiedades de Pilar, se alcanza en la Carta XXX, que es en la que el abogado Cortina revela a Felipe el gran secreto de Pilar.

El abogado, no sólo revela ese secreto a Felipe, también lo acompaña hasta la medianoche, para apoyarlo y evitar que cometa una locura; para que pueda calmarse y entrar en razón. Igualmente, el abogado,  ha aconsejado a Pilar estar lejos, encerrada en sus aposentos, a la espera de que Felipe decrete el futuro de ella;  una espera que se le hace intolerable, impensable hoy en día, pero estamos en el año 1837 y es el marido quien decide sobre la mujer. El abogado al darle noticias a Pilar  de sus gestiones y del estado de Felipe, le dice a ella (en Carta XXX): “Felipe la ama a Ud. con locura… Esta  es la verdad…. Quizás sea forzoso reconocer que no ha sabido amarla, porque el amor, dígase lo que se quiera, no sólo es un sentimiento, sino también un arte.” A pesar del alivio de Pilar, de  “estar ya del otro lado”, ella se siente triste por el dolor que abruma a Felipe.  Un dolor que  golpea a Felipe en lo más hondo (Carta XXXII) “no riñe, no se impacienta”, “no alza la voz para dar órdenes”  cambio radical de carácter según Pilar, que la inquieta por indicar “un trastorno profundo”. En realidad es el impacto del shock, que es lo que justamente dice Pilar en esta palabras: “la magnitud de la impresión, la sorpresa y el dolor han desquiciado su naturaleza revolviéndola y agitándole desde lo más hondo”, tanto que ella teme que le sobrevenga una enfermedad y todo por culpa de ella. Solo queda esperar la “benéfica acción del tiempo”, le dice el abogado a Pilar. Y sí, Felipe necesita tiempo para procesar todo eso y se lo toma, lo que muestra la humanidad del personaje diseñado por Galdós.    El golpe es fuerte (Carta XXXIII) que cuando Pilar logra espiarlo entrado subrepticiamente en su casa, lo ve con la  cabeza completamente blanca, su cuerpo “antes  arrogante y derecho se encorva hacia la tierra su paso es vacilante; se agarra a las sillas que encuentra próximas”, con “el rostro demacrado, cadavérico” y eso, la aflige “que a punto estuve de perder el conocimiento”…  Y agrega “¡Dios de mi vida,  qué lastimosa ruina, qué desmoronamiento fugaz!. Desapareció hacia la sala de armas; le seguí, apoyándome también en los muebles para no dar con mi cuerpo en tierra”. En este párrafo, también   Felipe trata de ir hacia los aposentos de ella y se detiene sin imaginarse que ella  está en los suyos espiándolo. “Y yo tan cerca en cuerpo ya alma, sin que él lo sospeche”. Vergüenza sintió Pilar de la sola idea de que Felipe le  quisiera hablar del pasado de su vida marital “tan árida, tan triste” “que no pudieran hacerla nueva, perdonándose el uno al otro, desprendiéndose cada cual de sus asperezas”  y esa falta de valor suya, provocó su huida de la propiedad, junto a la doncella que la acompañaba: “sentí vergüenza, la conciencia de mi inferioridad ante aquel sentimiento intensísimo me precipitó en una fuga loca”. Y por primera vez, Pilar se sintió una idiota: “Por primera vez en mi vida me he tenido por idiota” y lamenta la fatal equivocación en la que ambos han vivido: “¡Tan cerca uno del otro, y no nos hemos conocido, no nos hemos visto,(como personas) no sabíamos ni que existiéramos!”.

Finalmente, Felipe se traga su honor, su orgullo,  y perdona a Pilar  (Carta XXXVII) y no solo eso, sino que también accede a firmar lo que haga falta para que el hijo ilegítimo de Pilar, Fernando, reciba la suma de dinero que la madre quiere darle, también le concede su libertad y que viva donde ella quiera, en lo posible lejos de Madrid.  Por su parte, él decide quedarse hasta entrado el invierno en La Encomienda.  Felipe la perdona sí, pero “deplorando que en tantos años haya escondido este terrible secreto por miedo a sus rigores”   y agrega Pilar a su amiga Valvanera “sin dejar de comprender cuán difícil era mi revelación, siente que yo, con mi silencio haya malogrado toda nuestra vida matrimonial, poniendo entre los dos el espesor y frialdad de una muralla de recelo, y confinándonos una y otro en triste soledad”.  Esto es obvio que Felipe lo piensa ahora, de mayor, no sabemos si de joven hubiera reaccionado de la misma manera comprensiva y medida, a pesar del dolor. De hecho,  continúa relatando Pilar que Felipe dijo: “tratándose de un hecho irremediable, y sin atenuar mi enorme falta, no hay más remedio que bajar ante él la cabeza pues nada se adelanta con las soluciones violentas y trágicas a nuestra edad que ya reclama sosiego y volver los ojos a mejor vida”.  Galdós deja claro aquí la importancia  que tiene la edad para el desenlace que le dio Felipe al asunto. El realismo de una relación de pareja con estas características, queda patente en el hecho de que Felipe proscribe cualquier intento de reconciliación, escenas de abrazos y demás “manifestaciones”, como él las llama, de “gusto teatral”,  y se entiende y se comprende,  Felipe está lleno de resentimiento   hoy por hoy y hasta tanto no se extinga en él no puede haberla;  sumado al hecho de que  ambos ya  han tenido una vida entera marital de teatro en el que él ha jugado el papel  de antipático, recalcitrante, fiscalizador y celador asfixiante y ella el de coqueta saltimbanquis (frívola sí, pero sin llegar nunca a más, Carta XVI), algo que ella utilizaba como arma en contra de la soledad que sentía, mientras edificaba la muralla y se alejaba de él, cosa que – si se tratara de un caso real- él  hubiera percibido a nivel inconsciente y  provocado que él la persiguiera más.  Esto pasa en cualquier pareja con estas características,  ya sea del Siglo XIX o del Siglo XXI.  En el perdón de Felipe, descubre Pilar, el gran hombre que hay en él (Carta XXXVII) y su presunción del encasillamiento en eso de las “papeletas clasificadas” y del “formulismo” de Felipe (y su poca inteligencia), se  muestran haber resultado completamente falsas;  prueba inequívoca de que ni el uno ni  el otro se conocían, hecho del cual Pilar toma conciencia y se lamenta amargamente en la Carta XXXVII: “Las almas desvirtuadas por el artificio social no se descubren en su íntimo ser sino cuando las agitan graves problemas emanados de la Naturaleza….(….)”.






Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda  desde su blog La Acequia.   ©  Myriam Goldenberg



9 comments:

Pedro Ojeda Escudero said...

Excelente. Además, todo ello en formato epistolar: con ese peculiar sello confidencial que dan estas cartas. Un abanico de relaciones sentimentales tejidas en la burguesía acomodada española del momento que definen un tipo de sociedad.
Besos.

Genín said...

Siempre que vengo y encuentro textos largos me digo que volveré después a leer, con mas tiempo, y luego nunca me acuerdo :(
Besos y salud

María Pilar said...

Excelente estudio de la psicología de los personajes, destacando como siempre en Galdós los femeninos. Él no se casó, pero que bien refleja los prototipos femeninos en sus obras. Un autor de los grandes.
Besos Myriam

Manuel López Paz said...

Hola Guapa:

Excelente. Galdos era una de las lecturas de las tardes de infancia. Esto me recuerda aquellas sesiones con mi papá sobre como vi a los personajes.

Besote

Aristos Veyrud said...

La cabeza siempre trata de ordenar y llega el corazón a mostrar que no está de acuerdo.
Besos Myr!!!

chusa said...

De Perez Galdòs he leìdo detenidamente sobre todo sus novelas, como "Fortunata y Jacinta" y me encantò "Misericordia" donde el gran escritor pone en evidencia las miserias sociales y morales de la sociedad madrilena de la segunda mitad del ochocientos y la veo muy actual. Los Episodios Nacionales los tengo pendientes, por lo tanto puedo solo felicitarte por este detallado trabajo de anàlisis de los personajes femeninos en "La estafeta romàntica". Ahora no tengo el tiempo necesario pero cuando lo haga volveré a leer tus reflexiones tan interesantes. Gracias Myriam
Un abrazo :)

Paco Cuesta said...

Toda una tesis sobre La estafeta, gracias Myriam.
Un beso

Abejita de la Vega said...

Me gustan las alusiones eróticas escondidas en los inocentes tirabeques y en el dulce de tomate, no lo había pillado. Caray con la perfectísima Demetria.
Te llamaremos "Tostada" como a Pilar Loaysa, qué trabajazo.

A mí Fermando me parece un adorado tontín como dice su madre, que las madres lo saben todo aunque sean secretas. Se lame las heridas con un punto masoquista. Y egoísta como tú apuntas, la familia que le acoge está llorando una muerte, la de Beltrán que creen cierta, y va el niño y se queja de que no le hacen caso.

Vamos leyendo. Un abrazo.

Estrella said...

Imprimiré y leeré con tiempo estás dos entradas tuyas, 1 y 2, que recomienda Pedro en su reseña de La estafeta romántica. Así leída a vuela pluma esta, la 1, se ve interesantísima.

Gracias por tu trabajo, que es pura enseñanza para los que no sabmos interpretar las lecturas. Es una delicia.

Saludos, Myriam