Thursday, July 14, 2011

Una leyenda de Bécquer que me gusta mucho - Parte 2

En el Templo, la consagración de la Hostia está por comenzar. Bécquer  nos ambienta describiendo  como una nube de incienso que se desenvolvía en ondas azules llenó el ámbito de la Iglesia”. Nos centra en lo espiritual con el aroma del incienso y luego nos hace partícipes expectantes  al expresar que:  “Las campanillas repicaron con un sonido vibrante, y maese Pérez puso sus crispadas manos sobre las teclas del órgano”. Para elevarnos literalmente de la Tierra al Cielo, por la virtud de sus palabras, sin que necesitemos de una droga alucinógena, al menos yo  al leerlo, vuelo al Séptimo Cielo, éxtasis puro:   Las cien voces de sus tubos de metal resonaron en un acorde majestuoso y prolongado, que se perdió poco a poco, como si una ráfaga de aire hubiese arrebatado los últimos ecos. Con el siguiente acorde,  es  el Cielo el que desciende al encuentro de la Tierra: A este primer acorde, que parecía una voz que se elevaba desde la tierra al cielo, respondió otro lejano y suave, que fue creciendo, creciendo hasta convertirse en un torrente de atronadora armonía. Era la voz de los ángeles, que atravesando espacios, llegaba al mundo”.

Con el abrazo de la Tierra y el Cielo,  se inicia  el Hieros gamos - unión mística - al que se suma el canto de los ángeles: “Después comenzaron a oírse como unos himnos distantes que entonaban las jerarquías de serafines. Mil himnos a la vez, al confundirse formaban uno solo que, no obstante, solo era el acompañamiento de una extraña melodía,”. Una melodía que es Luz Divina o semen cósmico:  “que parecía flotar sobre aquel océano de misteriosos acordes como un jirón de niebla sobre las olas del mar”. “Luego fueron perdiéndose unos cantos, después otros. La combinación se simplificaba. Ya no eran más que dos voces, cuyos ecos se confundían entre sí; luego quedó una aislada, sosteniendo una nota brillante como un hilo  de luz.”

Bécquer aquí nos presenta el climax del relato en la acción del sacerdote en la que se produce la Transubstanciación: “El sacerdote inclinó la frente, y por encima de su cabeza cana, y como a través de una gran gaza azul que fingía el humo del incienso, apareció la Hostia a los ojos  de los fieles,” en  simultáneoen aquel instante”, se produce el prodigio de maese Pérez: “la nota que maese Pérez sostenía tremanente se abrió, se abrió, y una explosión de armonía gigante estremeció la iglesia, en cuyos ángulos zumbaba el aire comprimido y cuyos vidrios de colores se estremecían en sus angostos ajimeces.”  Hieros gamos consumado en un orgasmo cósmico. ¿Puede alguna otra imagen ser más potente que ésto? No lo creo.

Luego sigue la resolución en la que el gran momento pasional se va calmando hasta diluirse...: “De cada una de las notas que formaban aquel magnífico acorde se desarrolló un tema, y unos cerca, otros lejos, éstos brillantes, aquellos sordos, diríase que las aguas y los pájaros, la brisa y las frondas, los hombres y los ángeles, la tierra y los cielos cantaban, cada cual en su idioma, un himno al nacimiento del Salvador”.

La multitud responde con un recogimiento reverencial: La multitud escuchaba atónita y suspendida. En todos los ojos había una lágrima; en todos los espíritus un profundo recogimiento”.

El sacerdote - nexo entre lo sagrado y lo profano - participa del Misterio Divino:“EL sacerdote que oficiaba sentía temblar las manos, porque Aquel que levantaba en ellas, Aquel a quien saludaban los hombres y arcángeles, era su Dios, era su Dios, y le parecía haber visto abrirse los Cielos y transfigurarse la Hostia”.

“El órgano proseguía sonando; pero sus voces se apagaban gradualmente, como una voz que se pierde de eco en eco, y se aleja y se debilita al alejar,  cuando de pronto sonó un grito  en la tribuna, un grito desgarrador, agudo, un grito de mujer”.

La música se diluye hasta silenciar totalmente,  junto con  la disolución de la vida de maese Perez:“El órgano exhaló un sonido discorde y extraño, semejante a un sollozo, y quedó mudo: en efecto,  maese Pérez había muerto.

III - Otra vuelta al Nudo: Pasó un año, otra  misa de Gallo en la misma Iglesia.

Las mismas dos vecinas del año pasado conversan. La chismosa anuncia que ha  venido a tocar para al misa de Gallo el organista  de San Bartolomé, “que siempre está echando pestes de otros organistas; aquel perdulariote, que más parece jifero de la Puerta de la Carne que maestro de solfa, va a tocar esta Nochebuena en lugar de maese Pérez”  y aclara que nadie había querido comprometerse a hacerlo, ni siquiera la hija de maese Pérez que era profesora de música y novicia.  El organista luego de haber tocado tan bien como maese Pérez, parte desencajado prometiendo no volver a tocar en ese órgano jamás, es que - lo sabremos más adelante - es el fantasma de maese Pérez quien toca, no él.

IV - Desenlace o resolución: ha transcurrido un año más.

“Toda Sevilla acudió en tropel a la Catedral esta noche” a escuchar al otro organista. En la Iglesia de Santa Inés la abadesa del Convento le pide a la hija de maese Pérez que toque ella el órgano esa noche.  La joven le  responde que tiene miedo de que suceda  algo sobrenatural.  La noche anterior el “horror había helado la sangre de las venas” de la hija, cuando había querido arreglar y templar los registros del órgano y vió allí al espectro de  su padre tocándolo. La abadesa, que no le cree, exclama:  “¡Bah! Hermana, desechad esas fantasías con que el enemigo malo procura turbar las imaginaciones débiles [...]”   Sin embargo,  en la ceremonia religiosa, todos los presentes ven al órgano tocar solo  como solo lo hacía maese Pérez o “como solo los arcángeles podían imitarlo ... en sus raptos de místico alborozo”.

Epílogo - La buena mujer que ya conocemos por sus  exabruptos de locuacidad” increpa a la otra que no estuvo anoche en la misa de Gallo de Santa Inés  diciendo  “ aquí hay busilis ( algo raro)  porque en toda Sevilla no se habla de otra cosa: de que  el alma de maese Pérez tocó su órgano  en Santa Inés y de lo enojado que está el Arzobispo por habérselo perdido  al haber ido a la misa de la Catedral a escuchar la cencerrada del organista de San Bartolomé.

Por la belleza de la narración de la prosa poética  de Bécquer, que me transporta al Séptimo Cielo, por la dulzura del personaje central,  que siendo pura bondad había sido tocado por los ángeles y recibido el don de ejecutar una música celestial, en contraposición  a los soberbios, mezquinos y envidiosos  otros organistas que solo lograban arrancar al órgano sonidos de cencerros. Por la forma tan creíble  y divertida de parloteo  de cotillas, por la ambientación histórica y mística.  Por todo ésto, me gusta muchísimo esta leyenda en la que el alma  de maese Pérez desde el Más Allá,   vuelve  para  tocar  una vez más en su querido órgano de la Iglesia Santa Inés.

El Arte ha vestido de palabra - con sus mejores ropajes - a los "extravagantes hijos de la fantasía"  de Bécquer,  a los que   el poeta  ha dado - sin ninguna duda - manifestación sublime y... ¡consumada!.




Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.

Nota: Imagen de la Red.

© Myriam Goldenberg, Análisis de "Maese Pérez, el organista" de Gustavo Adolfo Bécquer .


13 comments:

Estrella Altair said...

Hay amiga.. el romanticismo Español..

no hay nada igual.. ni parecido, ni por intenso ni por sincero.. y este.. maestro es sin duda de los mejores..

Un besazo

pancho said...

El autor toca un tema esquivo, que no se entiende con los limitados razonamientos de mirada corta ( o larga) de los humanos. Utiliza juegos de contrastes terrenales y divinos para fundir el cielo y la tierra a través de la música. Sabe cómo ser atractivo a través del misterio de las creencias. Leeré de nuevo la leyenda a la luz de tu análisis.

Un abrazo.

Pedro Ojeda Escudero said...

Qué buena contribución tu análisis, Myriam. Es sobrecogedora la leyenda, tanto en la temática como en la cadencia de la prosa que nos va conduciendo magistralmente por el argumento hasta el final. Estoy contigo: es uno de los textos becquerianos que impactan desde la primera lectura.
Besos.

Aristos Veyrud said...

Myr hace llegar al séptimo cielo en la conducción de esta lectura prodigiosa del poeta.
Abrazos Myr!!!

Montserrat Sala said...

Muy hermoso pasaje de las rimas y leyendas de Becqer, que no conocia. Desde luego tiene una fuerza tal y un misticismo que sobrecogen y te hacen temblar. El climax, la transubstanciación, un orgasmo cómico.
Buuuaaahhhh! qua pasada!!! i ver transfigurarse la Hostia, la agonia y muerte de maese Pedro!!! Genial!.

Liliana Lucki said...

Simplemente maravilloso !!!!

Un abrazo desde el frío, Liliana

Abejita de la Vega said...

Después de leer esta leyenda vemos a un Bécquer místico y gran amante de la música. Mientras lo leo, trato de imaginar una música así, difícil.

¡Precioso tu trabajo!

Besos

Angeles said...

Sencillamente me ha emocionado, bellísimo!!
Gracias por acercarme este cántico.
Más besos:)

Mixha Zizek said...

Bécquer uno de los grandes, sin duda. Myriam un análisis exhaustivo, muy bien planteado, excelente trabajo, admirable, besos

Merche Pallarés said...

¡Excelente! Esta leyenda es verdaderamente sublime, mezclando lo terrenal con lo "esotérico/mágico". Gran trabajo, Myriam. Besotes, M.

Javier said...

Un análisis, junto con la anterior entrada, muy trabajado y cuidadoso.
Sólo nos queda volver a leer las leyendas y disfrutaremos como la primera vez que lo hicimos.


Saludos.

Paco Cuesta said...

Conseguiste contagiar tu entusiasmo con el gran trabajo sobre la popularísima leyenda.

Estrella said...

Myriam, oí en la radio que un periodista le preguntó a un músico que qué quería expresar con su música. Él le contestó que si supiera explicarlo con palabras no tendría necesidad de sentarse ante el piano. Aquí Becquer, con la virtud de sus palabras como tú bien dices, nos interna en la melodía del órgano. ¡Se oye esa melodía y nos sobrecoge! Qué fuerza narrativa más grande tenía Becquer.

Y tu lectura es impactante. Me ha gustado mucho.

Saludos