Wednesday, April 7, 2010

La mujer en Japón (2): "La Vida de Oharu" (1952) una película de Kenji Mizoguchi



Japón estuvo gobernada desde 1192 hasta 1867 por los guerreros samurayas de tres shogunatos: El de Kamakura que duró 141 años, el de Ashikaga de 277 años y el último de Tokugawa que se extendió por el lapso de unos 264 años. En todo este tiempo casi 7 siglos, Japón fué gobernada por estos clanes guerreros. Una sóla vez de 1333 a 1336, hubo un intento de restaurar la monarquia, como la había habido antes de que los militares usurparan el poder, cosa que no pudo lograrse hasta la Restauración Meiji en 1867 que marcó el fin de la era de los Shogunatos. En la restauración Meiji, también se crea el Primer Parlamento ( Dieta) Nipón, que va a limitar levemente el Poder Real que hasta ese momento había sido considerado de origen divino y hoy, no sé cuánto aún queda de eso. Luego de la rendición incondicional de Japón en 1945 y su completa desmilitarización , como sabemos, fué ocupada por las potencias aliadas. En 1947 se reformó la Constitución con las leyes del Gral Douglas Mc Carthur (que entre otras cosas, equiparaban los derechos de la mujer a los de los hombres). El año pasado, en noviembre de 2009 Japón cambió el paso dando un giro mayor hacia la democracia al ganar las elecciones los demócratas luego de años y años de gobierno conservador.

Esta película está ambientada alr. de 1690, durante el tercer Shogunato. Es la mejor película de Kenji Mizoguchi, otro de los grandes directores de cine japoneses, aunque quizás no se haya conocido tanto en Occidente como Akira Kurosawa. Yo, no quisiera que fuera olvidado...

La película trata de la historia de una mujer llamada Oharu, hija de un guerrero samuray que se enamora de Katsunosuke, un paje del Viejo Palacio Imperial. En la sociedad feudal de aquella época si ya era inconcebible que una mujer nipona se casara por amor, lo era aún más que lo hiciera con un hombre de clase inferior. Como castigo él fué asesinado. Los padres de ella fueron deterrados de Kioto y sumidos en el deshonor y la verguenza y ella vendida como prostituta.

La película comienza con Oharu ya vieja, bajo un puente y alrededor de una hoguera relatando su vida a un grupo de prostitutas todas mujeres ya en los cincuenta, es decir suficientemente ajetreadas. Un monje budista las regaña porque encendieron ilegalmente la fogata en las cercanías del Templo (mientras que a lo lejos se escucha a los monjes Zen cantando los sutras). Luego, la camara sigue a Oharu mientras que ésta se aleja de la escena, la música se escucha cada vez más fuerte. La cámara se vuelve más ágil, la música se acelera también, dando la impresión de que el sufrimiento de Oharu y la religión institucionalizada, que nada hace por aliviar su dolor (antes lo intensifica) estuvieran compitiendo la una con la otra.

Característico de Mizoguche, contrariamente a Kurosawa, para las escenas más intensas es la utilización de la técnica de una sóla toma larga sin cortes (que permiten variar el ángulo o el punto de vista). Este es un recurso que Mizoguchi utiliza con maestría, por ejemplo en la escena en que Oharu y Katsunousuke se encuentran por primera vez, en el cementerio. Ella al principio se resiste a un acercamiento hacia el paje; pero él, iluso, romántico y transgresor, le responde: "Soy leal y sincero, puedes rechazar mi bajo rango pero no puedes ignorar mi devoción" haciéndole ver con estas palabras que hay valores más profundos que los de seguir las normas de la obligación "giri" impuestas por la sociedad. Las palabras de Katsunosuke penetran en ella profundamente y cae enamorada. El la carga y la lleva hacia afuera del encuadre. La cámara permanece enfocando hojas de otoño que vuelan y se va diluyendo el enfoque hacia dos tumbas que presagian un triste desenlace.

La propia hermana de Mizogouchi fué vendida por su violento padre, como prostituta en pleno siglo XX. Me pregunto cuánto hay de la propia historia de Mizoguchi en la intensidad de los sentimientos mostrados por ambos personajes en esta escena. En sí, toda la película es un homenaje a su hermana y un cuestionamiento certero a una realidad social que ha perdurado en el tiempo.

Hablamos de Ethos de un pueblo cuando nos referimos a las características que lo hacen diferente a otro. Podemos decir que el ethos de Japón está sustentado en la ética Bushido: el camino del guerrero samuray. Esta a su vez está basada en el Sintoismo, el Confucianismo, El Budismo y el Taoismo. En especial, el Confucionismo enseñó siempre que la mujer debía estar sometida al Emperador, Padre, marido o hijo a quienes debía servir. Incluso las mujeres casadas estaban obligadas a pintarse los dientes de negro, para que su pertenencia a un guerrero fuera facilmente reconocida.

El guerrero samuray ponía toda su energía en su trabajo y en el clan. Si llegaba a fallar la mejor salida honorable era cometer Sepukko (suicidarse con su espada clabándosela en el estómago), no tenía tiempo para el amor. Los transgresores, como el Katsonosuki de Mizoguchi lo pagaban con su vida o la familia entera era castigada como le sucede a Oharu.


El próximo miércoles continuamos.
PD La película es, obviamente, en blanco y negro.

10 comments:

el piano huérfano said...

nos cultivas eh
gracias por toda lo que nos enseñanas en tu blog...
abrazos amgia

Mª Teresa Alejandra Francesca said...

A este director no lo conozco, lo tendré en cuenta.

Un abrazo

Maite

Montserrat Sala said...

Un Romeo y Julieta al estilo ambiente japones del mediveo. Supono que debe ser una belleza. Si además tiene un buen director... Me la quedo!
Gracias Myr.

guillermo elt said...

Muy largo para el poquito tiempo que me queda.

Ya sabes que te sigo y persigo... jajajaja... es broma... no, no, lo de seguir no es broma, eh?... jeje... perseguirte, digo... eso nunca... faltaría más.

:))

Te mando besicos.

El Ente said...

No la he visto, pero tu entrada me hace tener la curiosidad de verla, así que me la apunto...

Gracias Myr, besos!!

Jan Puerta said...

Mizoguchi no ha tenido la misma repercusión en occidente que ha tenido Kurosava. Creo que para entender al pueblo japonés es imprescindible visionar alguna de sus películas. Al menos, uno tiene la sensación didáctica de convertirse en alumno suyo mientras la historia se va narrando como sucede la vida misma.
Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero. said...

En estas películas hay una sensación de que todo sucede tan dentro que los occidentales sólo podemos llegar a la barandilla de las cosas.
Besos.

Elsa said...

Myr, eres una estupenda comentarista de cine. Me ha encantado tu visión sobre esta película. Tomo nota para verla.

Un beso

eduardo said...

buena historia me gustaruaia verla

BIPOLAR said...

Me alegro de que no saliera mi comentario anteriormente porque me lo he leído con más detenimiento.

Al pueblo le quedaba poco elección, cuando no le dominaban los religiosos, eran los militares y si no los reyes. Es la historia de todos los países.

Te decía que no me quedo con ninguna religión. Todas someten a las personas tiranizándolas. Sobre todo a las mujeres. ¡Qué invento más bueno éste de la religión! Por el mismo precio tenemos criada y sexo.

Esta entrada me parece formidable, qué pena que no ha tenido el suficiente seguimiento.

(La descripción de las escenas es muy gráfica. La tumba presagió el desenlace)

En pleno siglo como denuncia el director, las cosas han cambiado poco. Las raíces siguen ahí.