Tuesday, December 16, 2008

COMO PERCIBIMOS NUESTRO ENTORNO, historia del violinista


Un violinista en el metro:
Tomado de "El Club de la Efectividad"

Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero de 2007. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos.

Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha. Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.

Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.

En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.

Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas.

La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente,

¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla?
¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo? Como nos relacionamos con nuestro entorno?

13 comments:

roxana said...

EXCELENTE!!!!!!!!!!!!!!!!
SIN MAS PALABRAS QUE AGREGAR!!!
Decir solamente que me dió escalofrio, cuando lo iba leyendo!
Un beso
Roxana

Adolfo Payés said...

Buenísimo me ha gustado mucho el sentir tus palabras en el post muy sentidas...

saludos fraternos

Estrella Altair said...

Tienes razón, nuestra sociedad pierde sensibilidad a chorros... la vida acelerada que llevamos, hace que no nos enteremos de cosas que merecen la pena.

El experimento es genial, está claro y muestra nuestro desapego hacia lo bueno.

De todas formas la presión del grupo es muy fuerte siempre e inevitable, si estas en el metro, vas como las ovejas y pararte y echar unas monedas, a veces esta incluso mal visto.

Un abrazo y me ha gustado mucho tu blog, es interesante y toca temas de los que tambien entiendo un pelín.

Un beso

ILUSION said...

Hola Myr¡

Lindo y emotivo Post¡ y es que a veces las personas son tan insensibles que no detallan lo que sucede a su alrededor, y se pierden esos grandes momentos de la vida..

Besitos¡¡

Pedro said...

Conocía la experiencia. Lo que de verdad lamento es el saber que yo también hubiese pasado de largo sin advertirlo.... o quizás no? Supongo de depende de las prisas que tuviese.
Es deprimente a lo que estamos llegando.

Me encantó tu blog, gracias por haberme dado la ocasión de conocerlo. Ahora mismo lo enlazo.
Besos.

Poeta Carlos Gargallo said...

Hola, en primer lugar darte las gracias por tus palabras en y hacia mi blog. Me he apuntado a tus seguidores,me encanta el tema de la psicología. Así pues, aquí me tienes para leerte y seguirte, un abrazo.

Alodia said...

Muy bonita historia!!! Creo que ya la había escuchado anteriormente. Yo, hace poco conocí a un músico extraordinario que también tocaba en el metro, pero esto último no lo sabía, me lo contó más tarde. Desde entonces, presto más atención a los "músicos desconocidos". Un beso

Fernando said...

recibe mi abrazo...

María said...

Vivimos en una sociedad actual acelerada, no tenemos tiempo de detenernos a escuchar ni a observar nuestro entorno, ni siquiera a nosotros mismos, ¿cómo vamos a hacerlo con los demás si el tiempo se nos escapa de las manos?, realmente es una pena en cómo nos estamos convirtiendo, en personas dependientes del reloj desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, incluso, cuando estamos en la cama, nos despertamos pensando en que ya se nos fue la hora.

Muy interesante tu post, como todos, te felicito.

Un beso.

Myr said...

Asi es, da escalofrios nuestras insensibilidad..... y asusta que vivamos cada vez mas acelerados.

Gracias a mis antiguos amigos por sus comentarios tan sentidos.

PEDRO y POETA CARLOS, superbienvenidos ya que me honran con vuestras presencia y aportes.

Y Gracais FERNANDO por cu calido abrazo de pantera!!!

FELICES FIESTAS A TODOS y que este tiempro, nos sirva para reflexonar en como vivimos nuestras vidas.
Muchos carinios.

MARIO ALONSO said...

Hola... sin permiso me he colado en tu blog, no recuerdo cómo he llegado... pero me quiero quedar.

Este experimento es extraordinario y muy significativo. Y el resultado... no sabría cómo definirlo. Me sale la palabra "descorazonador".

¡Lo que nos perdemos sin saberlo, y lo pobres que somos que no lo apreciamos!

Un placer llegar hasta aquí.

Un beso.

Myr said...

MARIO ALONSO, bienvenido a mi blog,
ya te deje un mensaje en el tuyo.

Gracias por venir a verme siempre que lo desees.

Carinios

SilviaE.D. said...

Sigo leyendo tu espacio...
Hermosa experiencia...pero es así, sobre todo en las grandes ciudades todos tienen apuro de llegar...algunos no saben ni a dónde...pero tiene prisa.
Y así estamos viviendo...sin comunicacion, sin sentimientos...Qué triste en lo que se está conviertiendo el ser humano!
Besos