Wednesday, July 20, 2011

Una leyenda de Bécquer que no me gusta nada - Parte 1



La rosa de pasión


En un jardín de Toledo, una tarde de verano una muchacha que besaba las hojas y los pistilos que iba arrancando uno a uno de una flor que da origen a la leyenda, se la cuenta al Bécquer-narrador. La flor existe en realidad  y en este enlace se puede ver. Para  la conformación de esta leyenda  que Bécquer publicó en “ El Contemporáneo” en 1864,  cuyo texto completo enlazo aquí, se basa  Bécquer en las creencias populares provinientes de  la Edad Media explotando así esta veta de tradicionalismo a las que les agrega su toque personal romántico y simbólico. Es posible que el mismo Bécquer jamás se hubiera cruzado con un solo judío en su vida, ni su objetivo fuera provocar daño explícito, pero sí tiene muy clara dentro suyo - y la utiliza a fondo -  la representación estereotipada presente en la tradición popular con la que hábilmente perfila  el personaje central. La estructura narrativa es lineal y consta como en la mayoría de las leyendas de Bécquer de una Introducción, planteamiento del conflicto, desarrollo con nudo y desenlace. Finaliza con un Epílogo.

Daniel Levi, el personaje central,  vivía  en un “tugurio, “en una habitación raquítica, tenebrosa y miserable como su dueño”. “Era este judío rencoroso y vengativo, como todos los de su raza, pero más que ninguno, engañador e hipócrita”.  “Dueño, según los rumores del vulgo de una inmensa fortuna aunque  se lo veía todo el día acurrucado en el sombrío portal de su vivienda componiendo y aderezando cadenillas de metal [...]” “Sus labios, delgados y hundidos, se dilataban a la sombra de su nariz, desmesurada y curva como el pico de un aguilucho; y aunque de sus ojos, pequeños, verdes redondos y casi ocultos entre las espesas cejas brotaba una chispa de mal reprimida cólera.”  "Un mugriento bonetillo cubría su cabeza".  "Aborrecedor   de los perros cristianos", "enemigos de su religión".

Las viejas devotas de la feligresía se santiguaban al pasar por el umbral  de su puerta, como si viesen al mismo Lucifer en persona. Daniel se ríe de manera extraña y diabólica.  EL barquero también le dice Sara que “anda revuelta toda esa endiablada raza de judíos y se pregunta si no tendrán cita con Satanás y que después de llegar a La cabeza del Moro, “el diablo y ellos sabrán a dónde se dirigen”.  Para el sacrificio hacen "un círculo infernal".  Daniel arrastra a la hija hacia la Cruz  "como poseído por un espíritu infernal". En total son   siete las  alusiones demoníacas en las que el judío o los judíos se equiparan con Satanás.

La asistencia de Daniel al templo para rezar, Bécquer la presenta como asistencia “al oculto Sanedrin (cuerpo judicial de la Antigua Judea que además era público) de nuestros rabinos” como si fuera algo maligno y secreto. Cosa que repite al final de la leyenda cuando acusa a la hija de “revelar nuestros misteriosos ritos”.


 En resúmen: Daniel no es solo engañador e hipócrita, mugriento, avaro, de nariz corva, etc, etc,   que el narrador generaliza en la expresión  “como todos los de su raza”,   lo asocia además al mismísimo Rey de las Tinieblas y -  como no podía ser de otra manera con una  asociación  de ese calibre - Daniel comete un crimen ritual - junto con los demás judíos de Toledo -  matando a su propia hija que se transforma en la Roza de Pasión, símbolo de la Pasión de Jesucristo.


El nudo de la acción ocurre justamente en la Noche de viernes Santo, para más INRI. Cuenta Bécquer que los habitantes   de la ciudad "después de haber ido a la  Catedral se entregaban al sueño o  referían al amor de la lumbre consejas", mejor dicho libelos de sangre, como la historia de El Niño de La Guardia, por cuyo crimen se acusó a judíos  para justificar las  persecuciones y matanzas de éstos durante la Edad Media.

Sara de 16 años,  es el  hermoso vástago brotado de aquel ruin tronco” (Daniel), por si aún en la narración no nos quedara  claro que Daniel no era trigo limpio.  Su hija va  descubriendo poco a poco la sed de venganza del padre por  matar a su enamorado por el cual ella, hacia el final de la leyenda becqueriana en un gesto de amor inmenso,  se ofrece  en sacrifico en su lugar, revelando también que se había hecho cristiana.

“No hay duda – Sara pensaba entre sí – mi padre ha sorprendido nuestro amor  (el amor de ella con un cristiano) y prepara una venganza horriblepiensa la Joven recordando la aterradora historia "del Niño crucificado que ella hasta entonces había creído una grosera calumnia, inventada por el vulgo para apostrofar y zaherir a los hebreos. Pero ya no le cabía duda alguna; allí delante de sus ojos estaban aquellos horrendos instrumentos de martirio”. Este personaje nos confirma frente a la prueba visual, la "veracidad" de la tradición, que en realidad, es un libelo de sangre. 

Los libelos o calumnias de (la) sangre son acusaciones en las que se afirma que los judíos realizarían crímenes empleando sangre humana durante sus rituales religiosos. Para la definición de libelo de sangre más completa,  pulsar aquí.    No deja de ser patéticamente irónico que se haya dado este fenómeno,  puesto que la sangre y otros fluidos del cuerpo humano se consideran, según la religión judía impuros:  ver Levítico 15 y 17 (12-13) y sobre los sacrificios humanos que realizaban los paganos en Canaán contrario a las creencias hebreas, ver Deuteronomio 12:31, 2 Reyes 16:3.

Para la de la el libelo específico  del Niño de La Guardia,  generado a finales de 1480,  pulsar aquí.

En una ocasión antes he dicho ésto que vuelvo a repetir aquí dada su relevancia: 

La animosidad y los prejuicios contra los judios de España,  [....] como sabemos, viene de larga data: recordemos las matanzas de 1391 incitadas por el arcediano de Ecija en Sevilla, Andalucía. La expulsión de los judíos a partir del Edicto de Granada firmado por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 y la conversión forzosa de los que quedaron. A tal efecto, los Reyes Católicos usaron el instrumento de la Inquisición al servicio de la Corona. Las causas de la expulsión fueron varias: 1- Considerar que los judíos tenían culpa perpetua por el Deicidio: haber matado a Jesús de Nazareth, considerado por los cristianos el hijo de Dios. 2- Acusación de que los judíos veneraban al Príncipe de las Tinieblas 3- Considerar a los judíos como lepra contagiosa que hay que extirpar porque sino enferma el cuerpo nacional. 4- Usura. (En sí eran muchas veces encargados de recaudar los tributos para el Rey, cosa que despertaba el odio de los pobres hacia los poderosos y cuando los judíos se dedicaron a la usura propiamente dicha, fue porque no podían poseer tierras, o tenían prohibido otro tipo de trabajo, o en vistas de una posible y cercana expulsión les resultaba mejor tener dinero y no propiedades. Por eso también solía haber más violinistas que pianistas judíos). 5- etc. 

Invito a ver la entrevista hecha al Profesor de Historia - especialista  en Medieval - por la Universidad Complutense de Madrid, Gonzalo Alvarez Chinilla en este enlace está el video . Luego de la expulsión de los judíos siguió, recordemos, la expulsión de los moriscos. Los estatutos de limpieza de sangre, que involucraban a ambas minorías, se mantuvieron vigentes hasta 1870. Ser cristiano nuevo en esa España era motivo de vergüenza y era algo que se trataba de ocultar.

Mañana la segunda parte de mi análisis  con mi valoración de la leyenda y consideraciones finales. 

Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de Pedro Ojeda desde su blog La Acequia. © Myriam Goldenberg.

Nota:
En Europa: La Expulsión de los judíos no fue un fenómeno privativo de España, sino que sucedió en otros países también, hasta terminar con la persecución y el exterminio - genocidio - en la Alemania Nazi durante 1933-1945 de 6.000.000 de judíos.


13 comments:

pancho said...

Lo cierto es que esta especie de estereotipos no los inventó GAB, la literatura anterior y posterior está llena de referencias de ese estilo. Parece claro que hace 150 años no existía censura exterior ni autocensura en temas de xenofobia antijudía. Hoy esas expresiones que señalas sólo se verían en grupos ultras, los filtros son mucho más selectivos, el respeto es mayor.

Excelente trabajo, de mucho calado y profundidad.

Un abrazo.

José Antonio del Pozo said...

Cuánto mejor, Myr, si Bécquer le hubiese sacado todo el jugo, y hubiese seguido ese hilo, a "la muchacha que besaba los pistilos" (¿te diste cuenta qué titulo bárbaro?) en vez de dar cauce a una falsísima leyenda.
Saludos blogueros

Montserrat Sala said...

mira como dices en el enunciado, que no te guasta, pues ya no lo he leido.
hasta el pròximo post. Estaré atenta.
Un abrazo

La Zarzamora said...

A mí tampoco me gusta un pelo.
Ni esta leyenda ni algunos poemas de Quevedo por citar sólo a otro que van por las mismas vías.
El antisemitismo está anclado en las letras "cristianas" hasta la médula.
Una excelente crítica, Myriam.
Besos.

Aristos Veyrud said...

El racismo, la persecución, las guerras y exterminio de un pueblo por otro o por clases o potencias de poder es una de las partes abominables de la historia que el nuevo humanismo lucha por eliminar de la faz de la tierra.
Uno de los pueblos que ha sido víctima de todo tipo de humillaciones y actos deleznables ha sido el judío y es uno de los pueblos que ha demostrado inmensa capacidad de resistencia y de sobrevivencia contra toda adversidad. Es un pueblo que basado en esas amargas experiencias está llamado a la construcción de la paz mundial.
Un abrazo Myr!!!

Merche Pallarés said...

Menos mal que durante mi infancia en Irún en los '50 jamás oí ninguna referencia a los "malos, usureros judios asesinos de Cristo". No existía. ¿Sería porque la gran parte de nosotros eramos descendientes de cristianos nuevos? Justamente ¿viviendo en la frontera por si las moscas? En el pueblo judio, como en todos, hay de todo, tiburones, halcones y palomas. Pero sigue siendo un pueblo, a pesar del gobierno ultra israelí con el cual no estoy de acuerdo, que admiro y respeto más que nada por su innegable inteligencia y humanismo. ¡Shalom mi querida Myriam! Besotes, M.

Martine said...

... lamentablemente la propaganda nazi siguió con argumentos muy similares siglos más tarde..con las terribles consecuencias que todos conocemos.
Besos Myriam.

Pedro Ojeda Escudero said...

La literatura española está llena, desde que comenzó la persecución a los judíos en el siglo XIII, de este tipo de ejemplos. Hoy, como bien dices, el tema nos impide degustar la belleza de la prosa. Con toda la razón. Como te dije por correo, cuando me consultaste sobre esta leyenda, comprendo tus sentimientos. Rechazo cualquier ejemplo como este. Incluso en algunos países, hoy, sería un delito. Pero Bécquer estaba en la España del xix. No es una disculpa. Muchos escritores de su época jamás escribieron nada similar. Es mera contextualización. El problema es que este tipo de literatura prolongaba un sentimiento que llevaba a la discriminación. En otros países, al asesinato en masa.
Besos.

Abejita de la Vega said...

Esta leyenda resulta odiosa, comprendo tus sentimientos. Lo único que se salva es la flor, la llamada Pasionaria o Rosa de Pasión.

Te puedo decir que la leyenda del Niño de la Guardia estaba en un libro de lecturas escolares, cuando yo era niña. Ahora a ningún maestro español se le ocurriría hacer leer a los niños semejante barbaridad.

Bécquer no había visto un judío en su vida, dices. Había visto muchos, buena parte de los españoles tienen, tenemos un apellido judío.

Besos

Angeles said...

Creo que estas clasificaciones son muy propias de la época y de alguna manera siguen existiendo, a mi madre le enseñaron que cualquier persona que no fuera católica era demoníaca, yo tengo un bisabuelo español, que en argentina era el gallego, al llegar acá y conocer un poco más sobre la expulsión de algunos pueblos descubrí que puedo tener raíces que desconozco ya que para ocultarse muchos se cambiaban el apellido.
Amén de todo Feliz día del amigo!! me quedó una duda...dijiste oficial..pero si es no oficial vale!!igual:)
Besitos.

Janeth said...

Realmente repugnante nos es ahora todas estas muestras de antisemitismo, pero es que antiguamenete no lo era, se escribian leyendas como la que nos enseñas de Becker, o de Lope de Vega "El niño inocente de la guardia", realmente a nuestros ojos ahora nefastas, pero recien recordaba una ultima obra que lei sobre un tema casi parecido la misoginia que es igualmente atroz, "Los hombres que odiaban a las mujeres" de Stieg Larsson, que es totalmente actual...

Elsa said...

Tengo 52 años y desubrí esta leyenda a los 13 años, lo cual dió por tierra con mi admiración hacia éste poeta y escritor. Simplemente nuna más leí nada suyo. Lamentable..........que hombres instruídos y encargados de transmitir cultura a su generación y a las venideras estén tan contaminados por la xenofobia!!

Myriam said...

Muchas gracias, ELSA por comentar en esta entrada antigua. Siempre eres bienvenida a mi casa, aunque veo que no tienes blog y por eso yo no pueda leerte.

Un saludo