Monday, June 1, 2015

Doña Gracia Nasi Mendes, una lider durante el Renacimiento, (1510- 1569)

                                                 Doña Gracia, detalle de una ilustración por Arthur Sykes
                                                                                    (Foto de la red)

 Doña Gracia Nasi, nació  en 1510 (?) en Lisboa, Portugal, hija de judíos sefaradíes que huyeron de España en 1492. En  razón de las conversiones forzosas de los Judíos en Portugal en 1497 ordenadas por Manuel I, de acuerdo al requerimiento de su futura esposa, la hija mayor de Los Reyes Católicos Fernando II de Aragón   e Isabel I de Castilla,  y las posteriores masacres de judíos conversos de 1506, fue conocida oficialmente con el nombre de Beatriz de Luna, como judeo-conversa que era,  y con el nombre secreto de Gracia Nasi, que retomó  mucho más tarde cuando pudo practicar el judaísmo abiertamente y lejos ya,  del peligro de la Inquisición.  En 1528 (?) se casó con Francisco Mendes (Benveniste) un rico comerciante de especias y banquero,  también judeo-converso que tuvo, junto con su hermano Diogo, la inteligencia de enseñarle a ella todo sobre los negocios de la Casa Mendes. Francisco Mendes murió en 1535 y ella de 25 años, más o menos, quedó al frente de los negocios en Lisboa. Su cuñado Diogo vivía en Antwerp, en dónde manejaba la rama norte del negocio familiar. Francisco y Doña Gracia tuvieron una hija Ana.  

Doña Gracia se trasladó en 1537 a Antwerp,   en dónde vivió hasta 1545 en que las cosas se empezaron a poner difíciles para los no protestantes. Durante ese período, su cuñado, la instruyó intensamente en  el manejo de los negocios tanto bancarios como comerciales y fue su socia en ellos. Al morir Diogo en 1543 queda Doña Gracia al frente de toda  la  Empresa familiar y las obligaciones dispersas en muchos lugares de Europa, incluso queda como ejecutora  del testamento  de su cuñado y guardiana legal de la  hija de éste hasta la mayoría de edad, dejando de lado a su viuda, algo que le ocasionará serios problemas más tarde. 

Dña Gracia tenía alrededor de los 33 años entonces,  y estaba al frente de una de las fortunas más grandes de Europa que las casas reales -siempre faltas de dinero  por las guerras permanentes en que se metían- veían con deseo de apropiación o mejor dicho, de rapiña. Creo que no necesito describir ni la inteligencia, ni el carácter de esta mujer -físicamente pequeña y delicada-  que fue capaz de oponerse y lidiar  con estos reyes de Europa, incluso dirigirse al  mismísimo Papa,  impidiendo  que la desplumen, negociando con ellos, prestándoles dinero, pagando sobornos, consiguiendo salvoconductos, a la vez que, generosamente, asistía a  la comunidad judía perseguida, incluidos  a los conversos,  (según los testimonios de cronistas de época como S. Usque) para quienes elaboró y lideró una red de escape hacia el Imperio Otomano (Suleymán, el Magnífico), que sí los recibía, proveyéndolos de asistencia  humanitaria en todo sentido.
                                                                  
                                      
                                       Papel moneda antiguo del Estado de Israel,  Foto de la Red

 Ni siquiera el Emperador del Sacro Imperio romano-germánico, Carlos V,  pudo con ella (en vano trató de confiscar los bienes a la muerte de Diogo) y aún menos pudo su hermana la Reina María de Austria, regente de los Países Bajos, en su nombre, quién al final  se vio compelida a reconocer lo que la Casa Mendes, había significado para la prosperidad de Flandes y lo hizo entre otras cosas, porque la comunidad de comerciantes protestó severamente por cualquier medida que se intentara tomar en contra de la Casa Mendes. Tampoco les resultó la treta de querer casar a la hija  de Dña Gracia, Ana,  con un cristiano viejo, para poder acceder de esta manera  a la fortuna Mendes, a quien la madre casó mucho más tarde, con un judío converso de su confianza y ya por el rito judío, cuando estuvieron a salvo en Estambul, que también fue el destino final de Los Mendes desde 1553 en adelante.

En el intermezzo (1546-1552), Doña Gracia y compañía, pararon en lo que hoy es Italia. La Serenísima República de Venecia  gozaba de una ubicación  privilegiada que funcionaba de nexo entre Occidente y Oriente y era por entonces el paraíso de los perseguidos -más si eran cultos como Dña Gracia- una ciudad en la que  el Renacimiento florecía en todo su esplendor en el arte, aun cuando ya comenzaba  a  declinar como centro de poder, perdiendo gradualmente  su supremacía frente a Génova -ataque otomano de 1714 de por medio- hasta su  total caída por obra y gracia de Napoleón en 1797 y las firmas  del   Tratado de Loeben y del Tratado de Campo Formio.
La clave del éxito comercial veneciano  estribaba en  su tolerancia religiosa y social, especialmente  para con musulmanes y judíos,  lo que les permitió comerciar libremente con Europa (tanto la Católica, la protestante,  anglicana), como con Los Estados musulmanes del Noroeste de África (AglabiésFatimíes) y con los Imperios Bizantino y Otomano.  Igualmente, los gobernantes venecianos rechazaron durante muchísimo tiempo las presiones por parte del Vaticano de que instaurara la Inquisición, que al final entró, aunque suave,   por 1547.  Por eso, cuando Doña Gracia tuvo que irse de  Antwerp   este fue su destino elegido;   irse mudando su negocio también, entendido,  sin llamar la atención de los monarcas europeos, algo nada fácil por cierto, para lo cual montó una estrategia eficaz en la que por ejemplo, dejó su casa completamente montada, con libros de Contabilidad bien a la vista, mandando carruajes cargados de mercaderías de su propiedad a distintos sitios de los cuales le serían reenviados a ella posteriormente, algunos de los cuales se perdieron o fueron confizcados,  dejando empleados de su Empresa en la retaguardia en diferentes puntos, finalizando negocios, etc. Y lo logró. Y fue muy bien recibida por el Duque de Venecia, Francesco Donato, que sabía que se iba a beneficiar con su estadía en la República, porque los préstamos de dinero le eran esenciales, pues el ducado tenía amenazas tanto del lado de Europa, como de los Turcos.  En esos años pasan muchas cosas, incluso Doña Gracia tuvo que trasladarse de urgencia, por un tiempo,  al Ducado de Ferrara, cuyo Duque Ercole II D'Este, también la recibió muy bien -y se benefició- y luego cuando todo estuvo listo para la partida a tierras otomanas, vino un Cadi, -emisario del Sultán Suleymán el Magnífico- a escoltarla a ella, junto con toda su comitiva, a Estambul, en donde Doña Gracia profesó el judaísmo libremente, caso a su hija Ana  por el rito judío con Don Joseph -su mano derecha en los Negocios-  y ocupó un lugar preponderante en la Corte Otomana.

Todo esto y mucho más cuenta la periodista Andrée Aelión Brooks, que ha investigado minuciosamente la historia de Doña Gracia Mendes – también conocida como Beatriz de Luna- su vida, su Empresa y su rol en la protección de los judíos sefaraditas y conversos forzosos en su libro: “The woman who defied Kings” Parangon House  Ed., N.Y.,  USA, 2002. Una investigación que  lleva a la autora a descubrir documentos en 13 idiomas distintos  desparramados en los archivos de Lisboa, Vaticano, Venecia, Modena, Ferrara, Estambul, etc, etc, etc. con los cuales armó el rompecabezas de la vida de esta increíble mujer del Renacimiento.



9 comments:

Janeth said...

Linda la historia de esta valiosa mujer que supo lidiar con ese mundo antiguo lleno de entuertos y ella que siendo tan poderosa económicamente resulto tan astuta,..bueno tenia que serlo en ese tiempo de guerras y lo mas temible la inquisición,..y mas siendo mujer y con tantos millones,..brava mujer,..

María Pilar said...

Una supermujer solapada en la historia como tantas otras porque siempre pasaban a ser la sombra de ellos.
Besos Myriam

Bertha said...

Una mujer que aparte de tener una inteligencia natural, tuvo dos buenos maestros.Pero no cabe duda que fue una mujer "notable".No dio puntada sin hilo y más en unos tiempos de tanta inestabilidad política.

Besos feliz semana Myr.

Genín said...

Interesante... :)
Salud y besitos

chusa said...

Muy interesante y bello lo que cuentas sobre Beatriz de Luna, didàctico post. Gracias Myriam. Un abrazo grande :)

Pedro Ojeda Escudero said...

Gracias. Una mujer que tenía vagamente en la memoria y que tú has levantado ante mí de nuevo. Apreciable.
Besos.

Manuel López Paz said...

Las historia de la historia son interesantes. Está de doña Gracia lo demuestra.

Besote guapa

Rafa Hernández said...

Para aquellos tiempos algo fuera de lo común; bien por ella. Todo un crack

Besos Myriam

Abejita de la Vega said...

Una gran sefardita. No conocía a doña Gracia. Gracias por dármela a conocer.

Besos, Myriam.