Desde mi más tierna juventud y mi primera aproximación a las Rimas de Bécquer, las que más calaron en mi recuerdo y penetraron mi alma, fueron aquellas en las que él manifiesta el más crudo dolor. Un dolor que nada tiene de romántico y mucho, a mi juicio, de realista. Para mí, es bien gráfico, al leerlas lo siento en mi cuerpo. ¿Qué más punzante y asesino que un frio cuchillo de acero clavado en las entrañas? ¿O el amor como el hierro arrancado de las entrañas? ¿No es acaso ésta una muy vivida representación en palabras del más profundo dolor visceral?
16, XLVIII
Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de donde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche
en ira y en piedad se anegó el alma....
'Y entonces comprendí por qué se llora,
y entonces comprendí porque se mata!.
....
1, XLVIII
Como se arranca el hierro de una herida,
su amor de las entrañas me arranqué,
aunque sentí al hacerlo que la vida
me arrancaba con él.
....
28, XXXVII
Antes que tú me moriré; escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con el que abrió tu mano
la ancha herida mortal.
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Pero no solo la magnitud de su dolor me impactó entonces, también su magistral forma de plasmar en sus rimas esa sensación de chock (pérdida de conciencia, caida de la noche sobre su espíritu) y el remolino de emociones ( en su revuelta cama) en las que el dolor lo invade por completo y golpea con la fuerza de un tsunami, dejándolo mudo, inmóvil, más viejo y en puro llanto.
34, XLIII
Dejé la luz a un lado, y en el borde
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmovil,
clavada en la pared.
¿Qué tiempo estuve asi? No sé; al dejarme
la embriaguez horrible del dolor,
expiraba la luz y en mis balcones
reía el sol.
Ni sé tampoco en tan horribles horas
en qué pensaba o qué pasó por mí;
sólo recuerdo que lloré y maldije
y en aquella noche envejecí.
Dolor tan real, tan genuino, tan intenso, como en la vida misma. Doy fé.
Contribución a la lectura colectiva virtual que hacemos bajo la conducción de
Pedro Ojeda desde su blog
La Acequia. © Myriam Goldenberg.