El presente escrito es una contribución
al grupo de Lectura del Quijote que dirige Pedro Ojeda desde su blog La Acequia.
Cervantes usa claramente el travestismo como elemento paródico en el capítulo 26 de la Primera Parte cuando hace que al cura le viniera
"un pensamientro muy acomodado al gusto de DQ" al querer disfrazarse de doncella andante (y el barbero de su escudero). Cervantes juega en ese momento con las fantasías eróticas de la audiencia, amén de ridiculizar al clero, dominado por el yugo inquisitorial de aquel entonces. Como sabemos será luego el barbero quien asuma ese papel, porque el cura lo pensó mejor,
"que asi se profanaba menos su dignidad". No importa. La sóla idea de que el cura o el barbero intentaran vestirse como mujer, es tan divertida como ridícula y debió arrancar una gran carcajada a la audiencia ya anticipada en la reacción de Sancho al verlos disfrazados. El fin que se proponian ambos personajes lo sabemos: "ayudar" a Don Quijote, convenciéndolo de ir a dónde la doncella quiera, para en realidad llevarlo a un lugar para tratar de curarlo de su locura. Nótese que en el caso de trasvestismo de hombre a mujer, siempre busca Cervantes evocar la risa del público, por lo paródico. Esto no es así en los casos de trasvestismo de mujer a hombre en que, como lo veremos en los ejemplos que siguen, busca Cervantes otros efectos.
Otro ejemplo lo encontramos en el capítulo 28 también de la primera parte "Cuando detrás de un peñazco vieron sentado al pié de un fresno a un mozo vestido como labrador". Ese mismo mozo, más adelante en el relato "se quitó la montera y sacudiendo la cabeza a una y a otra parte, se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos, que pudieran los del sol tenerles envidia. Con ésto conocieron que el que parecia labrador era mujer y delicada [...]" y continúa uno de los pasajes más eróticos de toda la novela, describiendo la belleza de Dorotea quien se peinaba con las manos y tenía los pies en el agua. Un varón que se transformaba en mujer y muy bella.... ¡cuán tremendamente estimulante para las fantasías de cualquier lector de aquella época y de la nuestra también!.
Encontramos un ejemplo más en el capítulo 60 de la Segunda Parte, cuando Don Quijote y Roque Guinart sienten a sus espaldas
"un tropel de caballos y no era sino uno solo, sobre el cual venía a toda furia un mancebo [...]" que al acercarce dijo llamarse Claudia Jerónima, hija de Simón Torrellas. Una mujer que demuestra ser una muy hábil jineta, como una verdadera
amazona. Los lectores debían de estar fascinados y erotizados con ella.
Pero el ejemplo de trasvestismo más llamativo, por su fuerza y por todo lo que explica
Pedro Ojeda en su clase del capítulo, lo desarrolla Cervantes en el personaje de Ana Félix en el Capítulo 63 de la Segunda Parte.
Ana Felix, morisca cristiana nueva, hija de Ricote, el vecino de Sancho y arráez o sea, capitán de un bergantin turco, se enfrenta con La Capitana, la galera en la que estaban DQ y S., uno de
"los más ligeros bageles que en la mar navegaban". En total 4 galeras rodean al bergantín y lo obligan a ir a la playa. Sólo cuando el Virrey que a la sazón estaba en el pueblo y el General de las galeras quieren ahorcar al
arráez , Ana Felix descubre su identidad y cuenta su historia. Una historia de raiz bizantina llena de aventuras y peligros en las que relata como fué llevada por dos tios de ella a Berbería... Ana Felix es, una mujer valiente y activa que ha tomado las riendas de su vida. Muchas mujeres de la época han soñado sin duda con poder gozar de esa libertad suya en los mares. De hecho la historia recoje testimonios como
el de Catalina Erauzo, la monja Alferez o un poco más tarde a principios del S XVIII la existencia de mujeres piratas en la vida real como
Anne Bonny o
Mary Read.
Verónica Azcué en
El vestido en Don Quijote: espejo o espejismo de una sociedad,
sostiene que el Quijote contiene una teoría de la vestimenta con una indagación sobre el dualismo apariencia /realidad , que termina cuestionando su eficiacia como identificador de clase y su función como fachada de una sociedad jerárquica sin aparente mobilidad. La autora concluye en que el uso del vestido en la Novela de Cervantes, cumple una función: a- clasificadora social, b- como motivo cómico ( paródico, ridículo) y c- como elemento determinante de las posibilidades y alcance de los mismos. Produciendo a través de estos signos visuales de carácter simbólico el movimiento del texto que oscila entre perpetuación y desestabilización del sistema.
Es justamente al punto c- que quiero referirme. Para la mujer de Renacimiento como lo analiza M. Fernandez Alvarez en
su libro no había muchas posibilidades, en el mejor de los casos o bien casada o monja.Tampoco las había en el Barroco. El cambio de ropa no necesariamente significaba que la mujer fuera lesbiana. Muchas veces este cambio de ropa era transitorio, hasta lograr el objetivo: escaparse de la casa o del convento. Otras han hecho como Catalina Erauso que consiguió el Favor del Rey Alfonso IV para continuar vistiendo ropa de hombre como premio a sus hazañas. La mayor de las veces ésta era la única salida para una mujer que no quería vivir de acuerdo a los
ideales del Renacimiento, ni de acuerdo a los preceptos del misógeno
Fray Juan de León, y su Manual de
La Perfecta Casada , es decir para la mujer que no queria casarse, ni tener hijos, que quería estudiar y hacer otras cosas. Ya en la Baja Edad Media, tenemos constancia de un caso que la Iglesia trató de tapar por todos los medios: El de
La papisa Juana, cuyo testimonio de su existencia se recoje en dos documentos unos doscientos años más tarde ( de
Martin de Opava y del también dominico Jean Mailly) pero que ha dado lugar a una intensa polémica y su vida ha sido novelada por la escritora Donna Woolfolk Cross, 1996. ¿Leyenda o realidad? Lo cierto es que a partir de entonces para la elección de los Papas se contó con una silla curial con un orificio en el centro del asiento, para saber si el Nuevo Papa "Testiculum habet et bene pendant", aunque hay quienes nieguen también ésto.
Igualmente, en la vida real del Siglo XVIII con los metodos más modernos de identificación e inspecciones, la mujer se ve obligada a dejar de disfrazarse para poder escapar a su destino marcado por una sociedad que la asfixiaba.
En el Quijote, entonces para mí, Cervantes al indagar sobre las posibilidades del travestismo en las mujeres, por un lado erotiza a los lectores varones con los cambios de ropa en las mujeres y por el otro, denuncia la situación de la mujer a la vez que deja que sus lectoras jueguen vivamente con la imaginación... ¿y quién sabe? Quizás alguna fuera aún más allá.