La mujer en Japón (1)
La mujer en Japón (2)
Elegí
"Despedidas" para analizar la mujer en Japón hoy un poco al azar, un poco por que Asun me la trajo de regalo y un poco porque fue premiada con el Oscar a la mejor película extranjera en febrero de 2009. Para ver la ficha técnica completa pulsar
aquí.
Argumento: La trama central tiene que ver con la crisis existencial de Diago (Masahiro Motoki), un músico chelista que pierde su empleo en la orquesta en Tokio debido a que ésta debe cerrar. Su mujer Mika (Ryoko Hirosue) le sugiere volver a su pueblo natal a la casa que les dejó en herencia la madre de Diago al fallecer dos años atrás, así no tendrían que pagar el alquiler en Tokio.
Diago consigue empleo, en su pueblo natal, como asistente de un sepulturero que practica
el rito Nokanshi de tratamiento de los muertos. Esto es, orar, labar y embellecer a la persona fallecida como un último homenaje cosa que hace frente a sus deudos y previo a la cremación (obvio, pero lo digo). Diago oculta a Mika su nuevo trabajo. Otros temas surgen también como el prejuicio de los vecinos sobre esa profesión, la relación que Diago tenía con su padre, etc.
Todos temas interesantes que nos abren el panorama actualizado a la cultura japonesa de hoy.
Para quien desee leer algo más sobre los ritos funerarios japoneses que mezclan elementos del
Sintoismo y
Budismo, pulsar
aquí o aqui. En todo caso, recordemos y así queda plasmado en la película: la muerte es considerada natural , como el fin de la existencia terrena y el paso a otra espiritual y posterior reencarnación.
Diago, Mika y su relación de pareja: es en este punto que quiero profundizar.
Daigo: enfrenta una crisis existencial. De su pueblo natal partió a la gran ciudad para realizar un sueño, que se ve truncado cuando pierde su trabajo. Su mundo se desploma. Diago se pregunta muchas cosas y de sus reflexiones surje el recuerdo de como le pidió matrimonio a Mika y la promesa que le hizo de que vivirían la vida de concierto en concierto. No busca compartir con su mujer lo que le pasa, no dialoga con ella. Le dice si, que perdió su trabajo pero luego por verguenza, le oculta su trabajo nuevo. Al principio le cuesta mucho adaptarse a tratar con cadáveres. Y se pregunta si ese fué el castigo por no haber acompañado a su madre al morir ésta.
Contrariamente a los personajes de Kurosawa o Mizoguchi, Yihiro Takita nos muestra uno más actual, que si gesticula y es capáz de mostrar emociones en su rostro: sorpresa, pena, miedo, duda... Sin embargo, esconde su dolor tanto de su mujer como de sus amigos, se desahoga sólo en la casa de baños. En ningún momento a lo largo de toda la película ni una sóla vez le pregunta a su mujer como se siente ella; charlan, pelean, hacen el amor, pero él no se interesa en lo más mínimo por lo que le pasa a ella.
Mika: es una mujer independiente, moderna según los estandares orientales. Es diseñadora de páginas web. Cocina y limpia la casa ( estas son cosas que él, fiel a su rol masculino no hace, ni siquiera cuando luego de una discusión se separan). Ella lo apoya. No muestra tampoco tristeza cuando el es despedido de su trabajo. Muestra todo el tiempo una sonrisa que se me hace muy falsa al igual que su optimismo.... falso. De hecho lo son, por lo menos la sonrisa lo es. A mí como mujer occidental que visiona esta escena, me resulta de dificil digestión. Más tarde ella le va a decir que si, que estuvo triste entonces, pero que no se lo dejó ver. la idea de que la mujer debe servir al hombre ( por cuanto no es algo que le brote del corazón, sino forzado) es reforzado por la mujer dueña de la Casa de Baños, que le insiste a Mika, que apoye a su marido, que lo comprenda y Mika nos regala unas cuantas sonrisas falsas.
Apogeo de la crisis de Diago: Se va a dar luego de la empresa más dificil, cuando tuvo que atender la ceremonia fúnebre de una mujer que había estado fallecida en su casa varios dias.
Al finalizar el trabajo que también le provocó sus buenos vómitos, se va a bañar a la casa de baños antes de entrar en su casa. Los japoneses no se dan la mano, se saludan con una inclinación de cabeza. No hay contacto físico entre dos personas en forma pública. ¿Y en la pareja, en privado? No se besan. Se abrazan, pero no se besan. Y esto es lo que hace Diago, casi a la fuerza cuándo llega su casa luego de esa horripilante jornada. El la abraza como dije casi a la fuerza, en un intento de aferrarse a la vida, de sentirse vivo. Ella se niega al principio, pero luego accede.... Ella le pregunta que le pasa y el por toda respuesta se aferra a ella como a una tabla de salvación.
Continúa mañana.